Volver a tiempo

Nos aferramos al tiempo.

Miramos el otoño como el intento cobarde de que no llegue el invierno.

Ese frío mordaz que nos cambia las terrazas por el sofá y la manta.

Acorta el día, nos frotamos las manos, nos alzamos el cuello del abrigo hasta tener la sensación de desaparecer bajo la ropa. Porque vuelve el frío, y con él, deshacernos de la idea de los días azules. Igual que un médico se deshace de sus guantes, paciente tras paciente.

También llega la Navidad.

Prisas por las calles de Zaragoza, comercios abiertos a todas horas, precios desorbitados, empujones…

Hay que decorar la casa, elegir modelo y por supuesto, servir el mejor menú el día de Navidad.

Chupito de crema de lombarda con piñones, calabacines rellenos y pétalos de caléndula, tronco de navidad a los tres chocolates, brindar con un Louis Roederer Brut… Infinitas posibilidades para seguir las tendencias y sorprender a tus comensales.

Pero antes hay que superar la cena de Nochebuena y el temido reencuentro con la familia -que es tu familia, sí, pero que no hay ganas-

La ausencia de una cena sofisticada es casi una promesa

Pero entonces algo pasa.

El olor a caldo sale de la cocina. Ese mismo caldo que hacía tu abuela…

Y es que hay recuerdos que solo nos hacen revivirlos los olores.

Entonces todo vuelve a tiempo.

Por un momento, los pies no te llegan al suelo y estás sentado encima de un cojín de lana.

Se hace sitio en la mesa para la bandeja de langostinos que se recibe con alegría entre aplausos. Como si fuera el mayor de manjares

Vuelves a arrodillarte ante pino cargado de bolas y luces intermitentes de colores. A ver tirillas brillantes que se sueltan del espumillón por toda la casa y a avanzar los camellos por el río de papel de plata hasta el minúsculo niño del pesebre.

Innovar con flores orgánicas empieza a perder importancia. Todo hace pensar que tal vez no sea tan buena idea acabar comiendo lo mismo que los suecos -o los conejos-.

Y aunque dicen que uno no debería volver al sitio en el que fue feliz.

Yo vuelvo.

Y allí, siempre es Navidad.

©Ana Baquedano

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27 Comments
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arrutzinajera
7 años atrás

He llegado algo tarde pero me ha gustado mucho el texto Ana. Es íntimo, sincero y comparte conmigo muchas coincidencias. Gracias por tus palabras hablan de sentimientos. Un abrazo.

Javier de Castro
7 años atrás

Bonito texto, Ana. ¡Bienvenida!

Jordi
7 años atrás

Precioso. Me ha cogido en un momento tontorrón y me cuesta hasta tragar saliva! Me ha recordado el final, al poema de Unamuno que tanto se ha movido estas fiestas por las RRSS:
“Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad;
vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar.”

Miguel de Unamuno.

Aurelio G-M
7 años atrás
Reply to  Jordi

Yo también me he puesto tontorrón, Jordi. Me voy a abrir un oporto (ya tengo la chimenea on fire jajaja nunca mejor dicho) a ver si se me pasa

Gabriel Argumosa
7 años atrás

Me gusta tu estilo al escribir.
Te puedo comentar que en mi tierra (Cantabria) al otoño, se le llamó siempre “el tardiu”.

Dani C.
7 años atrás

Vaya… En valenciano y catalán “la tardor”, cambia de género pero fíjate qué raíz común más curiosa.

Gabriel Argumosa
7 años atrás
Reply to  Dani C.

Pues todo es lógico: primavera es la primera parte del verano y el otoño la sabiduria popular, la denomina,el verano tardio.

Miguelzgz
7 años atrás

Muchas gracias por tu mensaje.
Realmente hay veces que no sabes porque nos reunimos en estas fechas, pero creo que a todos nos pasa, en algún momento sentimos eso que describes tan bién, de volver a las Navidades pasadas, en presencia de los que tanto nos quisieron y ya no están.

Chus Castejón
7 años atrás

qué maravilla, Ana ¡

Jose Ruiz
7 años atrás

Para mi la Navidad supone reencuentro y compartir, principalmente alrededor de una mesa.

Me encanta la Navidad, a pesar de los atracones y de las “ginkanas” para llegar a todo. Me gusta principalmente porque es el momento en el que todos nos esforzamos por encontrarnos con los que están lejos, o con aquellos que sin estarlo, nunca encontramos el momento para compartir.

¡Enhorabuena por el post!

Vindaloo
7 años atrás

Qué bonito, Ana! Me ha encantado. Qué ciertas todas esas emociones, con qué pocas ganas vamos a estos festejos y qué bien lo pasamos, a pesar de los “cuñaos” y la suegra.
Bienvenida a Gaudaru.

Juan Luis
7 años atrás

Qué cierta tu apreciación sobre la nochebuena. En mi casa también caldo y langostinos! ?

Dani C.
7 años atrás

Precioso. Sí, creo que todos hemos tenido esa sensación de reencontrarnos con nosotros mismos tras experimentar con un aroma, un sabor o una sensación la magia de volver a un tiempo pretérito donde todo (nos parece) fue mejor.

Bienvenida a esta comunidad, gáudara.

Dani C.
7 años atrás
Reply to  Ana

Vete acostumbrando que vas a ser gáudara de honor 😉

Pablo
7 años atrás

El contenido de tu comentario, muy acertado. Tu prosa, inmejorable.

Aurelio G-M
7 años atrás

Oooole, ole y oleeee!
Qué bonito y qué bien escrito, Ana.
Ya estoy ansioso por ver más post de “El perro verde”, a ver qué nos cuentas sobre vinos, alimentación vegetariana y tal… ¡Bravó!
¿Qué nos contarás? ¿Recetas? Homenajes?

Aurelio G-M
7 años atrás
Reply to  Ana

Fenomenal, qué ganas de ver tu prosa al servicio de un restaurante! 😉