Ubicación: Carrer del Comte de Salvatierra, 39
Valencia (Valencia/València)
España
Código Postal: 46004
Teléfono: 699685254
Horario: Abre todos los días de la semana
Menciones:
Tipo de cocina: Francesa, Mediterránea, y Tradicional
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Web: https://restaurantenoble.com/
Precio estimado: 0,00€

Un restaurante que ni me sonaba, y ya es raro, al que fui de la mano de unos jóvenes y exitosos amigos dermatólogos que conforman un no menos joven y exitoso grupo dermatológico.
Antes de ir, miré por encima de qué iba la cosa, y leí que el proyecto tiene poco más de un año y que en él participan dos grupos empresariales gastronómicos: Grupo Empieza el Baile y Grupo Jugando con Fuego.
Ubicado en pleno Ensanche valenciano, al ladito del Mercado de Colón, donde tiempo ha se encontraba el célebre “mexicano de lujo” Ameyal. Flipé al entrar, nada que ver con lo de antes, yo recordaba un local luminoso y este es absolutamente opaco.
Cuando tus pupilas se adaptan, te vas fijando y el trabajo de interiorismo es brutal, han logrado una atmósfera como de club neoyorkino retro, con una decoración curiosa y sofisticada, una iluminación intimista y cinematográfica y una intrincada disposición de la sala, o salas, en pequeños habitáculos a modo de mini reservados.
Como ellos habían estado varias veces y yo era primerizo a la par que disfrutón, pese a que me pidieron que yo eligiera, les cedí gustosamente esta tarea, y acertaron, vaya que si acertaron.
De entre la nutrida carta, de corte clásico, y con clara influencia francesa en ciertas preparaciones, salsas y guarniciones, se decantaron por este festival:
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• Tosta de sesos ahumados
• Almejas a la marinera
• Calamar encebollado
• Guiso de manitas y garbanzos
• Entrecot trinchado
• Guarniciones varias: Patatas risoladas con mantequilla y queso comté / Ensalada de brotes verdes al ajillo / Cogollo de lechuga a baja temperatura con salsa ligera de queso azul
• Kinder de chocolate y avellanas
• Tarta de hojaldre con crema pastelera
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Ahora que no me oyen 😉 tengo que confesar que llegué muy reacio a este restaurante, con muchas reservas y prejuicios, de lo poco que me gustaba era su nombre, Restaurante NOBLE, me pone, pero me echaba p’atrás, y de qué manera, el hecho de que quizás fuera uno más de esos restaurantes de grupos gastronómicos que respiran postureo, performance, uniformidad… con cocina pret a porter e incluso quintagamesca.
Ahora que no me oyen, pero quizás sí me lean 😉 tengo que decir que me la envaino, porque cené de miedo. Y además me lo pasé de pelotas, pero eso no es MÉRito del restaurante, sino de los comensales.
Mis miedos mencionados, a los que hay que añadir lo poco o nada fan que soy de la cocina francesa en lo concerniente al uso y abuso de natas y mantequillas, se desvanecieron, porque aquí hay manos en cocina, José Cifré se llama quien está al mando de los fogones, lo sé porque pregunté por wasap al día siguiente una duda y me contestó él muy amablemente.
Todo estaba de lo más correcto, destacando para bien, para muy bien, tres pases, que nombro in crescendo: el de las “Almejas a la marinera”, que son mejillones en carta, pero por temas de mercado, y para nuestra fortuna, lo habían cambiado ese día por almejas, pese a que éstas no eran para tirar cohetes en cuanto a textura, en cuanto a sabor sí, y su salsa marinera, mira tú, que me la tengo que volver a envainar, afrancesada, era una salsa marinera afrancesada deliciosa; el de la “Tosta de sesos ahumados”, por lo valiente de tener los denostados sesos hoy en día en carta, en un tipo de restaurante como éste y en Valencia, y por lo rrrricos que estaban, de cordero, glaseaditos tras ahumarlos (creo que no en romero, aunque los presenten en una cama de esta aromática). Y…
Dejo para el final, con punto y aparte y párrafo propio, el pase que por sí mismo merece la visita, el “Guiso de manitas y garbanzos”, para cenar sí, con dos coj…. Diosssss que maravilla de plato, qué textura (viscosilla y acariciante), qué integración y conjunción de los tres ingredientes principales (manitas, garbanzos y morcilla), y qué saboraco, elevado, envolvente y muy especiado. Yo pensé que llevaba alguna mezcla de especias morunas tipo ras al hanout, pero uno de los avezados comensales (que había perdido, junto a los dos, toda credibilidad tras pedirse de aperitivo un tinto de verano), comentó que quizás fuera la morcilla la que confería esos matices, una morcilla que definió acertadamente como “líquida” por estar como disuelta en el guiso, y nos lo confirmaron, con lo que los transgresores recuperaron su credibilidad: no lleva especia alguna, sólo las de la propia morcilla. Al día siguiente, pregunté, como decía anteriormente, por esta morcilla, y me contestaron que era la morcilla seca de la Casona de Teresa, que si me conocéis, sabréis que ya estoy tardando en comprar. Y los garbanzos, pedrosillanos, Top – Top – Top. PLATAZO.
De beber, ya he dicho con lo que comenzaron “algunos”, y no miro a nadie. Yo, con una copita de cava, me sacaron uno que me encanta y que ya dice mucho del lugar que lo tiene por copas, un Mestres Visol Gran Reserva Brut Nature. Vino, tinto y sin cosas, aquí se recondujeron y bebimos los cuatro, elegimos ese riberita de nuevo cuño que no puede ser más fresco y apañao sin perder sus raíces ribereñas, Pícaro del Águila Tempranillo 2023. Y como nos la terminamos y sólo dos de nosotros queríamos una copita más, nos sacaron una de otro riberita resultón, Vilano Black Edition 2024. La carta, en tablet, es más bien clásica, correcta de tamaño, puedes encontrar cositas interesantes. Y el coperío, muy bien, unas Paradox de las grandes rollo borgoñesas.
Para los sufridos y contados lectores que hayáis llegado hasta aquí, finalizo con dos detalles, uno que me chirrió y otro que me chifló: el regu fue que nos sacaron ahí, tó junto, los principales, que eran para compartir, los garbanzos a la vez que el entrecot (pero se lo comentamos y reaccionaron muy bien, retirando la carne y manteniéndola no sé cómo hasta que acabamos el guiso, chapeau); y el entrañable fue que nos sacaron una caja de madera forrada en su interior con terciopelo negro, que contenía 4 tipos de cucharas, para que eligiéramos la que más nos apeteciera. ¿Postureo? ¿Performance? Puede ser, pero a mí esos detalles me llegan, me tocan, me ganan. Además, suponen toda una declaración de intenciones, una oda a los platos de cuchara. Ole, ole y ole.
Volveré, cómo no voy a volver con esos garbanzacos ahí, me están llamando, los oigo desde casa.
P.D.: No califico el precio ni valoro la RCP porque mis amigos, además de alegrarme la noche, me invitaron, les debo una. O dos.
El detalle que me moló de las cucharas:
Es toda una declaración de intenciones que pidas una copa de cava y te sirvan ese cava, que a mí también me encanta.
Y, por contra, me reafirmo en mi negativa o mi poca querencia en pedir vinos por copas… me fastidia mucho “ir a peor”. Es decir, te acabas un vino rico que has elegido, tienes que completar con alguna copa suelta y te traen algo peor de lo que ya tenías. Me j*** mucho.
Mis opciones aquí son, pido otra botella y si se acaba me la llevo (aunque esto es complicado si vas con más gente o no te vas a casa inmediatamente a dejar los restos) o no pido nada más.
Jaja, pues sí, tienes razón, no puedo decirte otra cosa (en ambos aspectos que comentas).
Eeeeexcepto en eso último de “o no pido nada más”. Admiro tu fuerza de voluntad, yo soy incapaz de resistirme a pedir otra copa si aún queda mambo en mesa, vamos, aunque sea uno del súper de 0’50 €/litro en brik (no lo digo en broma, como me dijo un día un amigo maestro gastro y profesional que con sus casi 80 sigue peleando, “no hay vino malo”).
Qué detallazo lo de las cucharas!!! 👌
A que tiene rollo?