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Casa Montaña, un clásico entre los clásicos de Valencia. Su historia se remonta ni más ni menos que a 1836.
Se encuentra en el corazón del barrio marítimo El Cabanyal-Canyamelar, en una de sus arterias principales. Cuando vas paseando por Josep Benlliure sorprende la alternancia de construcciones, todas de dos-tres plantas de altura y con similar origen temporal, eso sí, pero unas en la más desoladora ruina y otras perfecta y graciosamente remodeladas. Se adivina que en unos años, dada su ubicación, la proximidad de la playa y lo delicioso de las construcciones, cuando éstas estén todas remozadas, va a ser un lugar maravilloso para vivir.
Casa Montaña ocupa los bajos de uno de los edificios bien cuidados de los que hablábamos, de aire modernista. Tiene dos entradas, la de la zona de barra, la principal, y la de la zona de restaurante, con entrada o salida propia por la trasera. Un detalle que me encanta es que si te estás tomando un vinito en la zona de bar y quieres pasar a la zona de restaurante a comer/cenar sentado, puedes bien acceder por debajo de la barra, bien que te levanten un tramo de ella cual puente levadizo.
Tiene solera. Las dos zonas están muy cuidadas, mantienen muchos elementos originales, y con detalles de tipismo como las grandes barricas, los aperos, las fotografías antiguas, las mesas de madera altas, habitáculos varios, esa bodega metida en roca que encierra tesoros por lo que se protege con una verja de sólidos barrotes…
Casa Montaña llevaba muchos años casi sola en esa zona, digo casi, porque siempre ha habido otros, y alguno de la enjundia de Casa Guillermo y sus anchoas. Ahora, fruto de la progresiva recuperación de los poblados marítimos valencianos, están aflorando interesantes locales cerquita, haciendo posible y muy recomendable una mañana o tarde de tapeo estupenda por la zona.
Se trata de una taberna, que se transformó a finales de los 90 en una gastrotaberna (de las primeras que hubo en Valencia, de hecho lo fue antes de que se acuñara el término) en la que cuidan la materia prima y los vinos. Cocina tradicional, con producto valenciano o de comunidades adyacentes.
Éramos 5 e íbamos a pedir 5 Menú Degustación 1836, que está configurados a base de las tapas más representativas de Casa Montaña, pero por consejo del amable camarero, pedimos sólo 3 y a cambio añadimos 3 platos de carta, quedando así la cosa:
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Atún rojo del Mediterráneo marinado a las 7 Especias
Habas estofadas (michirones)
Anchoas de campaña del Cantábrico
Boquerón frito de la Bahía de Castellón
Patatas bravas de secano de los Montes Universales
Croqueta de bacalao
Pimiento del piquillo relleno
Txistorra de Irura
Solomillo de `vacuno especial´ trinchado con ajos tiernos.
Tocinito de cielo con mermelada de tomate
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La verdad es que todo lo que hacen, lo hacen bien. Todo está elaborado con cuidado y cariño, partiendo de buenas materias primas. No encontrarás magia, no te enamorarás, pero saldrás a gustito y reconfortado.
Los michirones es una cosa que ves, a mí sí que me enloquece. Se trata de unas hablas estofadas en un fondo cárnico y de hierbabuena, que son la bomba. Se recomienda comer con los dedos, para desechar la piel, bastísima, e ir una a una mordiendo la punta y luego apretando del otro extremo de modo que entre en tu boca la carne desnuda. Es un no parar. El atún rojo marinado también es destacable, con 7 especias, la mayoría de ellas pimientas, al igual que las patatas bravas, patatas bravas de secano de los Montes Universales como ellos les llaman, que tienen la particularidad de, además de tratarse de una excelente patata, servirse con un corte enorme, en forma casi cilíndrica. Las anchoas muy ricas, rivalizan (pierden, pero no por mucho) con las de la cercana Casa Guillermo, y no puedes cerrar una comida en Casa Montaña sin comerte ese soberbio solomillo trinchado con ajos tiernos, de “vacuno especial” nos dicen, no tiene nada y lo tiene todo, me chifla.
En cuanto a la bodega, tiene una carta muy amplia y de gran variedad, con referencias de todo tipo, estupendamente escogidas, y además con buen trato del mismo. Estamos sin duda ante uno de los mejores lugares de Valencia para beber vino.
Servicio bien seleccionado y dirigido, con oficio, simpatía y proactividad, muy bien, sí señor.
Pues eso, Casa Montaña, uno de los must de Valencia si vienes unos días.
¡Ay mijo! Es que por más que se empeñen para que la vaina de los michirones sea algo razonablemente comestible tienen que ser muy poquito más que la de los tirabeques. De otro modo es como comerte un calzoncillo.
Saludos,
Jose
Sí jeje, pero oye le he cogido yo un gustico a eso de quemarme los dedos, al mordisquín a una punta del michirón, darle la vuelta, apuntar a la boca, apretar, dejar el pelleju en el plato y luego ya, tras esas penosidades y con la satisfacción del trabajo bien hecho, saborear con regodeo esa carnaca con toque porcino y de hierbabuena… Me tiraría horas.
Es como lo de los altramuces, pero en bueno (aunque en este caso no te quemas los dedos)
Una taberna con solera, singular y personalísima. Un local que rezuma historia, llena de recuerdos, con su marmórea barra, decorada con botas añejas y botellas. Un lugar al que los años le ha otorgado sabor, tipismo y el encanto de lo auténtico.
Destacable su extensa y bien seleccionada carta de vinos .
Aunque en mi última visita recuerdo apreciar que las raciones ya no son tan abundantes o tal vez soy demasiado tragón… 😉
Si lo tuviese más cerca, lo visitaría con frecuencia.
Oye, y nunca hemos pensado en él Los Restauranteros, con el reservado tan chulo que tiene dentro, al lado de la bodega…
Creo que nos ha pasado a todos…
Jajajaja. No había leído esto. Así me como yo los altramuces (tramussos por estos lares).