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La escapada tenía como acto troncal la comida en Fuentelgato (Huerta del Marquesado), pero me percaté de que Landete estaba a tiro de piedra. Y en Landete está Tasca Garrido, que tenía yo hace tiempo en el debe dadas las alabanzas y loas que mi amigo Dani, por lo natural contenido y 0 superlativo, efectuaba de esta taberna. Bueno, a tiro de piedra… unos 50 km, pero eso no es nada para un gourmand oño, y le tenía yo ganas.
Está en plena carretera, y me la salté dos veces, porque en el cartel no pone Tasca Garrido sino La Tasca Landete. Pregunté si era lo mismo a una lugareña, y me contestó que sí, que mirara arriba del todo del edificio, y ahí, en un cartel pequeñín sí que ponía Tasca Garrido.
En la acera, en la entrada, conocimos a Esther, y enseguida a Peter, que salía a buscarla. Conversamos con ellos animadamente y nos contaron dónde se conocieron, dónde trabajaron antes de montarse el negocio (destacable la experiencia de Peter en el por entonces estrellado La Sucursal). Peter y Esther, el matrimonio que regenta el negocio, Peter en cocina y Esther dirigiendo el cotarro. Qué pareja más curiosa: grandón y sobrio él, como buen mozo navarro, de Estella; pequeñica, movida y locuaz ella, conquense, de un pueblo cercano a Landete.
Podría finalizar ya aquí esta reseña diciendo que todo es tal cual contó Dani hace unos añitos (en su reseña que puedes encontrar bajo esta), pero permitidme que me adorne un poquico, soy de un coqueto gastronómico que no veas.
Rústica y sin nada destacable la sala, muy rollo bar-restaurante de pueblo, excepto unas mesas altas majas a la entrada a la izquierda. Ambiente familiar. Pese a que llegamos los primeros, se percibía, aún vacío, vidilla y calorcito.
Se ve enseguida que es un negocio que funciona, no sé, se palpa, con ese dinamismo entre el personal de los negocios acostumbrados a los llenos, al trajín. Y bien organizados.
Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que en la carta no tenían el montadito de foie fresco del que nos había hablado Dani en varias ocasiones. Preguntamos a una camarera y nos dijo que para comer no lo ponían, que eso era sólo para los aperitivos. Tuve que recurrir a Peter, que justo se asomaba desde la cocina en ese momento, para que le autorizara a la camarera a marcharlo en la comanda. Comanda que, tras muchas dudas, porque nos apetecía todo toíto todo, y tienen tropecientas mil referencias, quedó así, para dos, para compartir:
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• Montadito de foie fresco con mermelada de higos
• Pastel de setas de temporada
• Morteruelo con cerdo y caza
• Zarajos con patatas
• Pochas con garrón y rebollones
• Tatin de manzana caliente
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Chico, chico, chico, mu bueno todo y mu abundante, como dicen por mi tierra cuando sale uno contento de un restaurante. Bueno, restaurante, o TTT, que Dani lo colgó aquí en la sección de restaurantes y yo lo hubiera metido en TTTs (Tabernas, TASCAS y Tugurios).
El montadito de foie con mermelada de higos, con la fama bien ganada, no tenía ná y lo tenía tó: unas cortadas gruesas de foie fresco de calidad, plancheadas y salpimentadas inmejorablemente, y colocadas como superpuestas en caída sobre la estupenda mermelada casera de higos que bañaba el buen pan que soportaba el montadito. Jó, qué rica.
Y lo demás, todo en esa línea, raciones generosas, calidad, honestidad, naturalidad… Ese pastel de setas de temporada, acariciante y sabroso, muy Arzak en sus principios, los zarajos, top (aunque donde esté una buena madeja aragonesa… jeje); las pochas con garrón y rebollones, queeeé gozada, las pedimos porque Dani dijo que no dejáramos de probar alguno de los varios platos de cuchara que trabaja Peter, y macho, soberbias, la pocha, fina, fina, fina, y bien guisadas con la enloquecedora combinación del garrón (jarrete) y el rebollón; y la tatin de manzana, muy, muy lograda.
El avezado lector dirá que me he olvidado del morteruelo que incluía en el listaDO (Dani, no es ningún sesquipedalismo, que no, que no y que no), es que lo he dejado para el final porque lo pedimos ya con la idea de que fuera para llevar y cenárnoslo en la casa rural que teníamos alquilada. Pues mira, bien, pero no fue lo que más nos gustó, como demasiado “paté”, me gusta más a mí sentir alguna hebrilla.
Carta de vinos corta, rancia y previsible, será que es lo que les demandan, pero encontré una bobal local, Rayuelo 2023 D.O. Manchuela, con la que salvamos los muebles con decoro. Estaba de miedo.
Repetiremos en cuanto pasemos por la zona, y a ver si puede ser con algún anfitrión de Campillo-Paravientos 😉
Pues cómo me alegro de que te gustara porque al final estos sitios tienen mucha parte de recuerdo, de cariño por lo vivido y del relato que hacemos cada uno de ellos. En esta taberna lo hemos pasado muy bien y forma parte de nuestras escapadas habituales, por lo que tiendes a darle magnificar los recuerdos.
Al final te quedas con la honestidad de Peter y Esther, la cocina rotunda, sin florituras pero sin aristas y ese volver a ver gente que disfruta con su trabajo, que cada vez es más difícil ver a un camarero contento.
Y, la verdad, pensaba que estaba en TTTs. Me vine arriba.
PD: Desde 2017 pedes decir listado, ya no padezcas.
La Tasca Garrido es sin duda el oasis gastronómico de esta zona conquense. En varios kilómetros a la redonda no encontrarás nada igual, pero ojo, que si estuviera en la gran ciudad, sería igual de bueno. Su calidad nada tiene que ver con la relatividad del espacio que ocupa.

Empezamos por el espacio. Un local con encanto más bien pobre, con dos enormes televisores donde los lugareños ven las noticias, las carreras de motos o los documentales que toquen a las horas en que se vaya a comer (nunca hemos ido a cenar).
Pero si has seguido mi consejo hasta aquí, déjate llevar y olvídate de esto. Tampoco tengas en cuenta el servicio hosco que, sin ser malo, tampoco es especialmente cálido, pero yo no necesito demasiado de la hospitalidad extra del camarero. A veces me saca más de mis casillas un servicio engolado y poco eficiente que uno sencillo pero efectivo.
Pero cuando abres la carta, amigo, ahí la cosa ya cambia. Solo producto, pero con el toque magistral de Peter, el cocinero que es el alma mater del restaurante, junto con su mujer, Esther, que está en la cocina y, si tienes suerte y te toca ella, es una buena anfitriona.
¿Qué pedir en Tasca Garrido? Pues complicado porque todo está muy rico, pero el montadito de foie con mermelada de higo es casi un imprescindible. Bordan el atascaburras, el pastel de setas, el codillo, los zarajos y la tarta de manzana. Pero también los platos de cuchara, las legumbres sobre todo.
Lo mejor es cuando llega la cuenta, que no puedes creer lo que te ha costado la comida.
Nota a mejorar: la carta de vinos. Excesivamente sencilla, rústica y elegida al gusto de la zona, sin dar un poco de rienda al visitante, con un anecdótico apartado de vinos blancos y la inexistencia de vinos espumosos que se precien.
Me declaro fan número uno de Tasca Garrido.