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Pese a estar en una céntrica y archiconocida zona de Valencia, Angel Guimerá, al encontrarse en una poco transitada bocacalle de la vía principal, La Taula de Paula pasa desapercibida. Y mira que debe llevar años, yo juraría que estuve hace más de 20…
Tuvieron que preguntarme unos amigos que dónde tomar una calçotada en Valencia para que desempolvara de mis recuerdos este restaurante. Mmmm, calçots en Valencia… ¡claro, La Taula de Paula!, ¿seguirán abiertos?
Más vivos que nunca están los tíos, qué pasada, estaba lleno a reventar, claro, temporada de calçots. Flipé al entrar de la gente que había… y de lo bonito que es el local, incluso di por hecho que lo habían reformado y me dijeron que no, que está como el primer día.
Pues juer, no lo recordaba tan guapo: local amplio, casi cuadrado, con una lengua que se adentra parcialmente en el centro, que no es sino la gran zona de brasa, vista. Toda la pared del fondo es un precioso muro de ladrillo mudéjar protegido por un cristal, entre el cristal y la pared unos pocos árboles distanciados entre sí, e iluminado ese espacio de modo más que acertado. Sin duda esa pared es la reina del lugar.
La oferta está clara y definida: se trata de un asador, especializado en cocina catalana, aunque va más allá e incorpora algunas referencias norteñas y levantinas. Lo tienen bastante orientado a grupos, a los que dirigen diferentes menús en función de la temporada.
Tocaban calçots, así que pedimos el “Menú Calçotada”, que por 32’50€ te ofrecía lo siguiente:
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• Tostada de pan con tomate
• Humus de berenjena al carbón
• Alcachofas a la brasa
• Calçots con romescu
• Botifarra catalana con mongetes
• Morcilla de arroz con ajoaceite braseado
• Cordero a la brasa
• Postres variados
• Vino de la casa, refresco, agua o cerveza
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Imperaba e impregnaba todo un ambiente festivo espectacular, parece que las calçots invitan a la fiesta, esa liturgia, el comerlas de ese modo descoyuntando el pescuezo, la servilleta-babero… risas y risas, algún cántico… Muy divertido.
La comida en sí, pues correcta, si bien superó expectativas en cuanto al precio. Lo que más me gustó fueron las alcachofas, los calçots y la butifarra. Tampoco estaban nada mal ni la morcilla ni el cordero. Realmente lo que impidió que me fuera con un mejor sabor de boca fue, sobre todo, la “romescu”, o mejor dicho, la “salsa para calçots”, que yo imagino que por las prisas y el llenazo, no la trabajaron bien, quedando esta deslucida, sabía prácticamente sólo a tomate. Y, amigo, de todos es conocido que en una calçotada el secreto del éxito es la salsa. También decepcionaron los tomates que no eran tomata de penjar, o si lo eran no lo parecían, no le daban a las tostadas el juego que en un restaurante catalán uno espera. Y fíjate que injusto, porque el resto, que es casi todo, resultó agradable, pero estos dos detalles, por lo explicado, ocasionan que salgas con la sensación de eso, de correcto sin más.
El servicio, y el trato del vino, acorde con el lugar, rápido, sin muchas contemplaciones, desenfadado, pero bien, mantuvieron el ritmo.
Si quieres buscar un restaurante para una cena o comida de grupo, es una opción a tener en cuenta, yo tengo mucha curiosidad por experimentar cómo es La Taula de Paula un día anodino, que no sea típico de grupos (ni temporada de calçots, ni Fallas, ni esas cosas), a ver qué tal, tengo la corazonada de que mejoraré mi impresión, que ya digo que no es mala, pero…
La de años que hace fui. La primera a los calçots, y decidí que no quiero calçots en restaurante. Para mí una calçotada es un día de campo con amigos, llegar con olor a humo a casa y disfrutar de una pinada, una casa de campo o un merendero. Te diría que me hago mayor, pero esto lo supe hace más de 20 años.
La segunda vez no me acabó de gustar, pero igual me acerco y pruebo a ver qué hacen fuera de la opción de los calçots.
Jajaja, un viejales prematuro.
Si no vas a por calçots, ya sabes, un asador sin más, es lo que hay.