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Le tengo un cariño bárbaro a este restaurante, que se encuentra La Fonda de la Estación, un hotel rural de luxe que ocupa un sólido edificio del siglo XIX, perfectamente reformado, manteniendo muchos elementos originales (menos mal que finalmente se decidieron a modificar la puerta, que era uno de estos elementos originales, porque era muy baja y más de una vez me metí un porrazo de aúpa).
Su ubicación es singular, en la antigua estación de tren de La Puebla de Valverde, muy cerca de la autovía, detrás de un área de servicio y junto a un almacén, yo creo que ni a 500 m del desvío. Pero amigo, como subes y bajas una suave loma y coges una curva, la desconexión es brutal, y de golpe y porrazo te ves inmerso en plena naturaleza, sin ningún atisbo ni de la carretera ni del área de servicio. Total, que tienes todas las ventajas de un “bar de carretera” en cuanto a que no pierdes tiempo y puedes repostar al lado… pero en el maravilloso entorno comentado.
En mis idas y venidas de Valencia a Zaragoza, he parado decenas de veces, muchas de ellas a comer algo rápido en la barra, nunca olvidaré unos “Huevos rotos con patatas, longaniza, pimientos verdes y trufa negra” que me apreté un día para almorzar.
El restaurante, al que accedes atravesando la barra y dejando a la derecha las instalaciones del precioso hotel, es rectangular, de techos muy altos y con una enorme cristalera que da al monte, qué luz y qué sosegadas vistas. Piedra, madera, buenas sillas, mesas, manteles y menaje…
La carta contempla productos y especialidades turolenses, actualizadas con criterio. Cuando es época de trufa negra (estamos al ladito de Sarrión), evidentemente se tunea. Pese a que la carta va variando, he probado casi todo lo que recogía en mi última visita, en la que comí lo siguiente:
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• Jamón D.O. Teruel al corte con tostaditas y tomate
• Tataki de Presa Ibérica en escabeche con lascas de queso y vinagreta de piñones
• Migas de pastor con huevo en dos cocciones y fruta natural
• Raviolis de berenjena rellenos de manitas deshuesadas con boletus laminado
• Torrija de pan de pueblo frita al momento con helado
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Y cómo no, comí estupendamente de nuevo. Raro es que no pida el platico de “Jamón D.O. Teruel al corte con tostaditas y tomate”, no sé, me lo pide el cuerpo cuando paso por aquí, y las “Migas de pastor con huevo en dos cocciones y fruta natural”, soy maño, soy muy de migas, las echo mucho de menos al vivir fuera, y aquí las trabajan muy bien. También probamos el “Tataki de presa ibérica en escabeche con lascas de queso y vinagreta de piñones”, curioso, original y rico, y el plato que me llamó en cuanto lo vi en la carta, los “Raviolis de berenjena rellenos de manitas deshuesadas con boletus laminado”, ay, ay, ay, qué ricos (si hubieran llevado picantillo, ya hubiera sido ladediós).
La carta de vinos está bien dimensionada y con alguna referencia interesante, sobre todo en cuanto a Aragón se refiere. Trato del vino, correcto sin más.
Lo que, además del entorno y la comida, hace que, como comentaba al principio, le tenga un cariño bárbaro a este restaurante, es el servicio, no pueden ser más agradables, simpáticas y profesionales las camareras, hijas de la dueña, y la propia dueña, pero que “majismas” son, de verdad.
Pues eso, cuando pases por la autovía Mudéjar, en La Fondica… parada y fonda.