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Restaurante asiático que se encuentra en Pío XII frente a Nuevo Centro, un poco más arriba.
Aunque el cartelón de la fachada parezca indicar otra cosa, las instalaciones son impecables, están muy cuidadas, con una enorme sala decorada al uso oriental, cómo no, pero sin histrionismos, denotando cierta elegancia.
Hace años, incluso décadas, que no lo visitaba, sólo fui una vez, y tenía ganas de repetir porque me habían hablado muy bien de él y sin embargo mis recuerdos eran, aunque muy vagos, como muy neutros. Mis mencionados recuerdos me llevaban hacia una cocina china, exclusivamente china, que es a lo que yo iba, pero no, es asiática en general. “Alta cocina asiática” dicen de ellos mismos.
Iba a por cocina china porque me estoy reencontrando con ella. Después de, de nuevo décadas, esquivándola, ahora se me vuelve a antojar con la misma intensidad con la que me distancio de la japonesa típica.
No obstante, pensé en pedir el menú degustación, pero como iba sólo, el camarero que me tomó la comanda, que debía ser el jefe de sala, me dijo que nop, que mínimo dos. Mal, deberían avisarlo y en la carta no lo pone, pone que a mesa completa, y completa, era. Sin embargo, no porque él me lo ofreciera, sino porque yo le pregunté, me dijo que sí que podía pedir medias raciones de algunas cosas. Bien. Le pedí consejo con la premisa que nada de sushi ni mandangas, que cosas chinas, y este menú compusimos entre él y yo:
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• Langostinos Zen (1/2)
• Rollitos vietnamita (1/2)
• Gyozas Zen
• Arroz frito chino (1/2)
• Pollo Mandarín
• Helado con nueces cantonés
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Para qué vamos a andar con paños calientes: me defraudó. Chico, que cosa más anodina. No puedo hablar de cual es la cocina china auténtica, porque no he estado nunca en China, pero desde luego, por los restaurantes que he visitado y por todo lo que he leído, no es esta. La han desbravado para llegar a todos los públicos.
Todos los platos, los 6 que probé, me resultaron insulsos, faltos de gracia, de punch. Era como un chino descafeinado. Todo más limpio, más fino, menos aceitoso, menos graso, menos intenso, menos sápido, más pulcro, esa es la palabra, pulcro, todo muy pulcro, pero el umami y la gracia se les han escapado en este proceso de depuración.
Mi opinión es, como todas, absolutamente subjetiva y marcada por mis gustos y mis experiencias y, desde luego, por lo visto, minoritaria. Decía que han desbravado la cocina para llegar a todos los públicos… y lo han conseguido, y de qué manera, porque el restaurante, con lo grande que es, estaba hasta arriba, además con parroquia muy diversa, tanto parejas, como grupos de amigos, como familias, sobre todo, familias.
Y tienen mucho mérito, porque es que además, de barato, nada. Pero nada de nada, que pagué 65’50 €, con tres copas de vino (dos de blanco, Martín Códax 2025, y una de tinto, Prado Rey Origen 2024). Sólo tenían dos referencias de cada para elegir por copas, pero oye, ni tan mal, y además con la temperatura perfecta y con copas algo bastas pero muy dignas. La carta de vinos, a la que le eché un vistazo, superaba en mucho a la de los asiáticos en general, muy correcta.
El servicio, prestado por asiáticos, pues muy rápido y profesional, aunque, por contra, te dan el tiempo justo y se muestran sostenidamente hieráticos, no vi sonreír a ninguno de ellos en todo el tiempo que permanecí allá.
En cualquier chino de barrio hubiera comido mejor y por 5 veces menos de precio. Eso, sí, no se trataría de “alta cocina asiática”. Pero, oye, como digo, petado: algo tendrá el agua cuando la bendicen, el negocio les va como un tiro.
Casi 20 años dan para considerar al restaurante Zen un clásico de Valencia, dejando aparte su cocina. David y Silvia fueron pioneros en reorganizar la cocina asiática y darle una imagen de calidad, invirtiendo en un local amplio, luminoso, sin la típica decoración china de celosías rojas y dragones. El tiempo ha pasado y el local ya no brilla como lo hacía las primeras veces que lo visitábamos, pero sigue manteniendo una estética impecable.
El servicio fue su gran apuesta, siempre diligentes, conociendo la carta a la perfección y siempre atentos al cliente. Aquí nadie lanza un plato en medio de la mesa, se sirve el vino los comensales y se les orienta en la elección del menú.
Y por supuesto la cocina, cocina china un tanto occidentalizada, con mucha fusión de asiática, pues igual encuentras sushi que el famoso rodaballo buen viaje. Una carta extensa donde puedes dejarte llevar por la simple lectura de los platos, pues la ejecución de los mismos siempre merece la pena.
Habremos comido en Zen docenas de veces a los largo de todos estos años y ya hemos establecido prácticamente nuestro menú, aunque ahora espaciamos mucho más nuestras visitas y prácticamente ni miramos la carta, vamos con la ilusión de encontrarnos con nuestros platos de siempre, que ya forman parte de nuestro acervo culinario.
Maguro picante , atún macerado con un toque muy ligero picante (vamos, yo no noto el picante) pero lleno de sabor. El atún adquiere una textura untuosa que no gusta a todo el mundo pero a nosotros nos encanta ese punto y la mezcla de soja, jengibre y sésamo. Este es el imprescindible de nuestras visitas.
Tempura de verduras y langostinos. Esto fue toda una novedad en su época y pocos restaurantes ofrecían la tempura, algo que hoy está hasta en los restaurante de cocina tradicional, una reconquista de esta técnica que llevaron los jesuitas (españoles y portugueses) a Asia, principalmente a Japón, y que hemos recuperado e incorporado a nuestra cocina como una técnica más de nuestro día a día. Aquí la ración es generosa y, sin ser su mejor plato, de vez en cuando la pedimos y la recordamos con el cariño de los primeras veces que la comíamos.
Y ahora, la gran decisión. ¿El rodaballo en dos servicios o el pato en tres servicios? Y esta vez ganó el pato:
Pato laqueado estilo Pekín servido en tres servicios.
– Primero sale un consomé elaborado con el propio pato que, ahora en invierno, siempre se agradece.
– Rollitos de la piel tostada del pato. Servicio en mesa del camarero que recorta la piel tostada del pato para que cada uno se prepare y se sirva las tortas con salsa hoisin, puerro y pepino. Me encanta ese pase. Tras pela el pato el camarero se lo lleva y pregunta si se quiere con tallarines o pato al a naranja. Como éramos cuatro nos dio para probar ambas elaboraciones.
– Tallarines con pato: si solo se puede escoger una elaboración (2 personas) iría a por el pato a la naranja. Los tallarines salteados con el pato, estando muy buenos, es el servicio más normal, menos vistoso y sabroso.
– Pato a la naranja, adoro acabar con este servicio, esa mezcla agridulce de la salsa y ese punto ácido de la naranja y el pato. Si los rollitos ya me parecen excelentes, acabar con el pato a la naranja es superlativo.
No dejamos nunca hueco para los postres porque tampoco la selección es muy interesante.
La carta de vinos está asesorada por David, que fue el primer chino en obtener el certificado de sumiller, o sea, que sabe lo que se hace. La carta podría mejorar y variar un poco, pues ha quedado anclada en referencias demasiado clásicas, pero ofrece una paleta posibilidades para disfrutar perfectamente. Cuando éramos asiduos nos conocían y nos preguntaban tras tomar la comanda ¿y un Maria Casanovas?, el cava que siempre pedíamos, a lo que siempre contestábamos que sí. Y Maria Casanovas cayó de nuevo en esta visita.
En resumidas cuentas, Zen siempre será un referente en Valencia, aunque hoy pueda parecer un restaurante menos exótico de lo que fue y con una carta inamovible, es ya un clásico al que le debemos grandes homenajes y al que volvemos siempre con la ilusión de encontrarnos con lo de siempre, que no es poco.
Juerrrrr, poye, pues estuve hace 100 años una única vez, no tuve suerte, y no he vuelto a ir. Quizás pedí mal. Vamos, que vuelvo sí o sí tras leerte, y más rápido que deprisa, a tomar ese pato en tres pases (el rodaballo no me motiva)
Aunque me tira un poco p’atrás esas expresiones que usas de “anclado”, “fueron”, “ya no brilla como”… las venceré e iré, porque se desprende de tu reseña que hay que hacerlo
😉
Bueno… Para ti esas expresiones del pasado no deben influirte porque no viviste esa experiencia, ese momento de esplendor donde no era difícil encontrar mesa, y el local no es precisamente pequeño.
Zen fue el centro de reunión de alta sociedad valencia, políticos y hasta monarcas (verás la foto a la entrada), pero de eso ya no queda nada, solo se mantiene su cocina y esmerado servicio, somos los clientes los que hemos cambiado, la ciudad ofrece un sinfín de posibilidades que antes no tenía y eso le pasa factura.
Me es inevitable pensar en esa época, con cierta nostalgia, tengo que admitirlo, pero sin duda comerás bien y disfrutarás de la experiencia.
Saludos
Dani
Voy, voy!!!!!!!!!!!!