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Años ha que no visitaba La Masía del Romaní, aquel restaurante con demoledora personalidad ubicado en una encantadora masía a las afueras de Bétera, donde comienza la huerta… Y qué recuerdos nos traía, cuántas veces fuimos cuando mis hijas eran pequeñas, bien de día con ellas para que pudieran jugar en el jardín sin molestar a nadie, bien de noche, sin ellas, para disfrutar de una romántica cena en pareja.
La familia Duato la ha traspasado, ahora es propiedad de uno de los ex socios del Gurugú de Godella, y sí, la masía ahí está, pero tras la reforma física y conceptual poco queda de la idea original.
La cocina ha perdido autenticidad (¿qué fue de ese roast beef, de esa paletilla al horno, de ese kefta de cordero…?) y las instalaciones, no sé, las han como tropicalizado.
Dicho esto, y abstrayéndonos de los recuerdos, La Romana, que es como se llama ahora, es un lugar muy chulo, con varios espacios interiores, esa terraza descubierta, ese jardín…
Y la oferta gastronómica, pues muy actual, muchas referencias, pases comunes a otros muchos lugares, si bien es cierto que quieren conferirles puntos de originalidad (algo también que hoy todos pretenden, pero pocos consiguen) y con el elemento, cada vez menos diferencial, de las brasas, a lo que hay que añadir su sección de arroces.
Pedimos para el centro:
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• Zamburiñas a la brasa con ajada de pico de gallo cítricos
• Ensaladilla rusa con quisquilla confitada, huevas de tobiko y polvo de aceituna
• Focaccia a la brasa con tartar de gamba al estilo oriental
• Fritura de boquerones y salmonetes
• Chanquete de bogavante con huevo estilo andaluz y salsa de piquillo
• Esfera de tres chocolates con yuzu y bizcocho de naranja
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Bueno, pues una cenita correcta y agradable, nivel medio de casi todos los pases, con alguno que destacó para abajo, la Ensaladilla rusa con quisquilla confitada, huevas de tobiko y polvo de aceituna, bien pensada pero estropeada por una patata muy “patatera”, y otros para arriba, como el Chanquete de bogavante con huevo estilo andaluz y salsa de piquillo, un plato muy simpático en el que los trocitos de las patitas del bogavante, fritos cual chanquetes, suplían a éstos en ese tradicional plato andaluz.
El servicio, compuesto por gente ciertamente maja, iba muy rápido para abarcar todo y que la gente no esperara, lo que provocaba pocas contemplaciones en cada mesa. Encantadora Saray, que creo que hacía las veces de jefa de sala. Un detalle que no me gustó fue que las zamburiñas (que, por supuesto, no lo eran, pero que estaban sabrosas con este golpe de brasa y esa ajada) salieran como último pase de los salados, cuando yo lo había pedido el primero. La contestación, franca, lo que se agradece, fue que así no tenían que cambiar los cubiertos antes (esto ya, se agradece menos).
Buena carta de vinos con trato discreto del mismo. Cayó un champacito estupendo de los que no hay que pedir una hipoteca para poder pagarlo, Gaston Declos Brut (80% pinot noir 10% pinot blanc 10% chardonnay).
La Romana de Bétera, o La Romana Brasas y Tradición, que de los dos modos le llaman, desde luego tiene su público, yo creo que les irá bien. Nosotros esperábamos otra cosa y esperábamos más, la verdad, y aunque insisto en que no cenamos nada mal, dudo que volvamos.