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Casa Parra es un restaurante de esos “de toda la vida”. Hace mucho tiempo que oía hablar bien de él, pero todavía no se había presentado la ocasión de visitarlo. Se ubica en la mismísima N332 en un antiguo caserón que fue remodelado a principios de siglo conservando algunos elementos rústicos como las antiguas cancelas interiores o el envigado de madera. Según nos comentan sus propietarios, tienen prevista una nueva reforma, pero los tiempos inciertos que atraviesa el mundo de la hostelería no invitan a inversiones de riesgo mientras esto no muestre señales de estabilidad.
Casa Parra ofrece una cocina de corte tradicional. La carta es bastante extensa y reúne las típicas tapas de bar de la zona, con especial atención al pescado fresco, ensaladas, una amplia selección de arroces y fideuás y una serie de platos principales de carne o pescado, todo ello a precios realmente moderados. También podemos encontrar tres ofertas de carnes especiales un poco más caras, lógicamente: chuletón o T-bon, ambos con 31 días de maduración, o Tomahawk con 21 días de maduración. La propuesta de postres también es bastante completa.
Tomamos:
Fritura de pescado: Bacaladillas y boquerones, nos parece distinguir. Muy frescos ambos, con sabor limpio y correcta cocción.
Hueva de sepia: Cocinada de modo diferente a lo habitual. En esta comarca se suelen marcar en plancha y acompañarlas con el típico majado de aceite, ajo y perejil. En esta ocasión se presentan con una rica salsa que se nos atoja como una reducción de PX o similar.
Hígado de cerdo: De preparación impecable. El corte “a tacos” evita que se reseque en exceso, cosa que pasa en muchos lugares donde se cocina en finas rodajas.
Chuletón con 31 días de maduración. El tamaño es descomunal y nos dio cantidad sobrante para tres comensales. Perfecto el punto de la carne y rica la guarnición con varias verduras cocinadas en tempura.
Tarta de chocolate: Resultona. Elaborada en casa, detalle éste que hoy en día ya es de agradecer.
Merece mención especial el capítulo de la bodega, aspecto generalmente poco cuidado en los restaurantes de este rango de precios. Los propietarios se presentan como grandes aficionados al vino y ello se refleja en la carta, tanto por su extensión como por la singularidad de algunas referencias. Se ofrece en formato “tablet” y uno puede entretenerse un buen rato navegando por las diferentes DO antes de elegir. En nuestro caso, nos decantamos por un Losada (Godello) en primer lugar y una botella de Veratón que acompañó maravillosamente a la carne elegida. El trato de todo el personal fue cercano, informal y muy eficiente.
Y ya pudiste con el Veratón? No es mucho para ti eso?
jajajaja
Pude, pude. Con la carne iba genial, pero sobró un poco y sin “sólido” en la boca se hacía un tanto durillo. Nada que ver con el Genoveva que marcó nuestras vidas, jajaja
Ufffff, calla, calla!!!
XXXD