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… pues me quedé un poco frío, la verdad. Pero ahora desarrollo un poco más.
Lugar peculiar, situado en el cogollo-cogolludo de Mahón (obviando la zona del puerto, claro). Vamos primero con estas peculiaridades. Ciertamente es rarillo para reservar. El asunto es de enviar un mensaje vía IG. Pero aun así yo no tenía claro si estaba reservando en el Bar Augustín, en Candela, en ninguno o en ambos, pero en fin, en la incertidumbre yo mojo los churros del desayuno, de modo que ale pa’lante y ya vería qué me encontraba en el lugar.
Pues eso, que lo encuentras en el meollo de Mahón. Me dirijo al lugar donde había reservado, que era el Bar Augustín, pero ciertamente es un bar bien chiquito. Amos, sólo la barra y sin espacio para nada más; la cuestión es que si vas a comer algo quienes atienden, y donde te atienden, es en el Candela, que aquí sí tienen sala dentro, y la terraza es compartida para ambos. De este modo si quieres tomarte una bebida, pues te atenderán en uno, y si además quieres comer, en otro, pero oye, esto lo resuelven estupendamente, ya que en ambos están coordinados y nadie le falta ni gloria en ningún momento. Además hay un espacio intermedio, que separa a ambos locales. Del tamaño de un par de fotomatones de estos que están encastrados en las paredes de un edificio. Ahí está la puerta del aseo, y sobre todo, ahí hay un par de neveras llenitas de vino natural de toda clase y condición. Porque eso también, si te fijas en la puerta del local (¿locales?) está cuajado de pegatinas de “Raisin – Ruta del vino natural” de chorromil años consecutivos. Pues oye, esto de que tengan un sesgo marcado hacia el vino, y natural, predispone bien.
¿Y para comer? Pues tienen un par de cartas. Una con tapas/raciones y otra con platos. Digo “tapas/raciones” no porque existan ambas posibilidades, si no porque así consta, y es que me temo que es una concesión al turismo de crucero, y que si no le suena un término pues le sonará el otro. Lugares comunes en esta carta, y como no hay posibilidad de ese trinomio que tanto me gusta de tapa-media-ración, si no que es ración completa, pues nada, vamos a la de platos directamente.
La carta de platos va en pizarra, y bien que me parece, así no tienen que estar dándole vueltas a imprimir lo que hay en el mercado (que está justo enfrente). Mmm… me resulta un pelín… ¿curiosa? ¿rara? Hay eso, lugares comunes, y otras cosas que no lo son… Me resulta como un intento de abarcar unos cuantos palos, porque realmente la clientela es la crucerista, y supongo que así aseguran el asunto, pero vaya, a mi resulta peculiar. Buñuelos de escarola (que los veo pasar redondicos, en ración de a 6 unidades y un tamaño muy considerable), croissant a la plancha (esto es un wtf de manual), torrezno, coca, puerro, piparras, ensaladilla de buey de mar… algo que parece tener mucho tirón como es el jarrete, que me explicaron que hacen a baja temperatura 24 horas… Otrosí, remarcan que todo es de elaboración propia; y eso es encomiable. Por otro lado, no sé. Me resultaba muy extraña la carta, y decidí casi por eliminación; si bien cosas a las que siempre digo sí: Mejillones y salmonete. Os cuento a continuación.
Comienzo por el lomo de salmonete (22 EUR). Comienzo por él porque así consideraron que había de ser el orden, y yo soy muy de aceptar estas decisiones. Se trataba de un lomo de salmonete exquisitamente desespinado, en un impecable punto y al que le habían dado un toque de soplete por el lado de las escamas. Iba acompañado de wakame y salsa ponzu. Una exageración de salsa, a mi parecer. Un plato que estaba bien, vale, pero ya. Curiosamente me ofrecieron pan para mojar en la salsa ponzu al acabarme el pececillo ¿¿¿ ???
Seguimos por moules frites (19 EUR), esto es, mejillones con patatas fritas. Que no lo he escrito de esa manera por hacerme el interesante ( ¡ ya soy bastante interesante de natural ! ), es que así constaba en la pizarra. Mejillones locales, y esto de alentar el producto local es algo que siempre me interesa. Hechos al vapor y con una salsa con un toque agradablemente picante y la interesante presencia del vino rancio. Correctos mejillones y patatas.
Para terminar, de postre, elegí probar los cannelés (2 uds – 8 EUR) acompañados por una ligera crema de (creo) avellana. No me terminaron de convencer en su textura (interna y externa) y sabor.
Asunto vinos. Tienen carta y aun así puedes asomarte a hociquear en las neveras que os contaba antes. También tienen vinos por copas, y en ello me refugié con una copa del Son Llebre Blanc (4,9 EUR); que sin hacer nota de cata profunda… si un vino natural te sabe a vino natural…
Todo este asunto, más el medio litro de agüita fresquita preceptivo, fueronse a un pechofrío de 56,4 EUR.
¿Volvería? Pues no me apete. ¿Diría que no a tomarme alguna botelluca (¿alguien ha dicho Tissot?) en alegre compañía en la terraza? Pues mira para eso igual sí.
Juer, qué rrrrrraro lugar.
Te cuadra lo que dice la Repsol?:
… me fio más de mi, la verdá 😇😅
Lo que escriben así es; si bien prefiero pasarlo por el tamiz de lo vivido.
Hombre, y yo también me fío más de ti, ande vas a contimparar!
Te lo ponía por si te cuadraba y por el rollo de la confusión de Candela y Agustín
Es muy confuso si intentas reservar. Si estás allí no lo es tanto, porque llegas, te sientas y circulando. Lo mismo hay cruceristas calzándose un copazo junto a unos buñuelos, que un grupo comiéndose unos zancarrones con copas de vino.
Si lo ves desde el frontal, mirando desde el mercado, ves eso: Bar Augustín-espacio con el aseo y neveras-Candela; y frente a ellos la terraza. Pero amos, más allá de eso, lo mollar, lo del comer y beber… fue lo que me dejó con el pecho frío.