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Valencia es una ciudad perfecta para vivir, pero yo siempre digo que hay una cosa que echo en falta para ser completamente feliz aquí: las barras, las zonas de tapeo.
Zonas de tapeo tiro la toalla, ni existen ni existirán por la idiosincrasia del valenciano, y barras… alguna hay, que merezcan la pena mjuuuuy pocas, pero…
¡Hay barra nueva en la ciudá! ¡Y de las buenas!
Nacho Romero, ese joven veterano del Vietnam, curtido en mil lides gastronómicas, después de dar muchas vueltas ha transformado su célebre Kaymus en La Barra de Kaymus, ¡y qué guapo lo ha dejado! Una reforma con gusto y criterio que ha convertido el restaurante en una moderna gastrotaberna.
Una gran barra, cómo no, preside el local, en el que hay también numerosas mesas, pero ya no modo restaurante como antes, sino modo taberna.
La carta, amplia, está muy bien concebida y ordenada, estructurándose en los siguientes apartados: Las Tapas / Las Raciones / Los Arroces / Los Guisos / Las Carnes / Los Pescados / Los Postres. Además, tiene siempre sugerencias del día fuera de carta.
Me las vi y me las deseé para elegir, es que todo me apetecía. Al final, en un ejercicio infinito y doloroso de autocontrol, conseguí reducir la comanda a lo siguiente:
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• Gilda
• Ostra Guillardeau
• Ensaladilla rusa
• Ensalada de berenjena a la llama
• Oreja con salsa brava
• Torreznos de Soria
• Trufas de chocolate
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Todo rico, rico, rico, y muy bien presentado: la gilda, xxxl y con anchoa en un lado y boquerón en otro, estupenda; la >ostra, de primera calidad; la ensaladilla rusa, sin sorpresas, no ha cambiado y siempre ha tenido fama, merecida, de ser de las mejores de Valencia; la ensalada de berenjena a la llama, una sugerencia del día, fantástica, con ese sabor ahumadito que tan le va a este vegetal, y con unas gotas de mayonesa de escabeche que le iba al pelo; la oreja, en su punto exacto de cocción, lo que le llevaba a tener ese crujiente exterior y esa tirante melosidad interior tan característica, y con una salsa brava que picar, no picaba, qué lástima, pero su sabor era cautivador; los torreznos, los mejores que he comido en Valencia, no te digo ná y te lo digo tó, estilo soriano, sin experimentos, pero de gran calidad y perfecta hechura; y las trufas de chocolate, un fin de fiesta espléndido.
Para beber, preferí ir por copas, y lo cierto es que eché en falta más variedad. Con lo que sabe Nacho de esto, en especial de generosos y espumosos, me esperaba más oferta, imagino que se está midiendo a ver cómo evoluciona el tema. Aún así, bebí una copita de:
• Tamtum Ergo Rosé / The Wine Bang Manzanilla / Clos de Lôm Malvasía 2021 / Clos de Lôm Garnacha 2020
¡Ni tan mal! Y servidos a su temperatura idónea y en copas de alta gama.
El servicio, top, dinámico y atento, está a los mandos de la sala la esposa de Nacho, una crack, que da brillo a la experiencia gastronómica.
¡Viva las barras de España, oño!
Pues mira que lo tengo cerca y nunca me acuerdo, fallo mío.
Imagino que el tema de vino por copas irá mejorando si hay clientes que tiran de la oferta. A veces los precios de los vinos por copas son tan desmedidos que eliges (inteligentemente) la botella, lo que de nuevo cierra el bucle de por qué no hay más vinos por copas en las barras y restaurantes.
Sip! Pero bueno, para ti, tienes cositas interesantes de generosos, que te apañas, y de qué manera.
Por cierto, ha venido su amigo de Estambul y tiene de nuevo “veneno para la suegra”… ?