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Ferreruela parece la opción más recomendada de Lleida para probar la cocina local con un toque más contemporáneo y en un entorno algo más formal. Mi intención era ir a La Huerta, algo más casual, pero ese día cerraba.
Acudo en solitario y me sientan en una amplísima mesa, con elegante mantel blanco. El local es de techos altos, alternando toques rústicos con elegante modernidad.
Como decía, aquí practican una cocina local actualizada, ojeo la carta, pregunto y puedo pedir todo en medias raciones. Como no quería cebarme, pues me esperaba una semana dura para hígado y estómago, pido dos medias raciones:
– Por supuesto, caracoles a la llauna, aquí había que pedirlos. Vienen con dos cuencos aparte con allioli y una picada de pan, jamón y tomate.
– Habitas con butifarra negra.
Antes de esto me ponen un rico aperitivo de coca de sardinas con garum.
Tema vinos. Tienen una carta apañada, con referencias locales, regionales, nacionales e internacionales. Pido algo por copas, y aquí se viene rollo de por qué no me gusta pedir vinos por copas:
Pido una copa de blanco y pregunto que tienen. ¿Te parece bien un verdejo? Pues no, no me parece bien (pienso). Y le pregunto si no puede ser algo local. Ahora vengo. Me saca tres botellas: un colombard-sauvignon de Côtes de Gascogne, un sauvignon blanc de José Pariente (Rueda) y un verdejo de Menade (Rueda, también). En fin. Pido el primero. Vino normalito, facturado a 5 euros copa. Para el segundo pido un tinto, local, sisplau. Solo tenemos uno, me contestan. Bueno, pues ese. Algo subido de temperatura, no es mi estilo. A otros 5 euros. Debería haberme pedido una botella y haberme llevado lo sobrante. Pues eso, salvo excepciones prefiero no pedir vinos por copas.