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Cuando escucho “La Ponderosa”, esbozo una sonrisa. Qué cariño le tengo yo a esa taberna conquense, considerada una de las mejores barras de España. Y digo bien, “barra”, porque no tiene ni mesas ni comedor. Pura barra. Pura vida.
Pues bien, este negocio lo crearon los hermanos Rafa y Ángel Millán hace más de 50 años, y poco después, montaron la conservera con la intención de elaborar conservas de productos típicos manchegos. Ahora ya hacen más cosas, tampoco muchas, pero tienen otros productos precocinados.
¿Y qué hay más típico en Cuenca que el ajoarriero o el morteruelo? Los zarajos, podíamos responder, pero envasar eso…
Morteruelo, morteruelo es lo que probé envasado y de lo que venimos a hablar.
Algunos, espero que no muchos, se preguntarán… ¿qué es el morteruelo? A lo que yo contestaré, “parece mentira, oiga, que no sepa usté lo que es el morteruelo, pero con mucho gusto le explicaré, breve y torpemente, que se trata de una especie de paté, más rollo rilletes, de hígado de cerdo y carnes varias de caza, con especias y pan rallado, machacados en un mortero (de ahí lo de “morteruelo”), que se suele comer en invierno, caliente, en cazuela de barro, y se degusta bien con picatostes, bien sobre pan tostado”.
En cuanto a la conserva que nos ocupa, pues me vais a decir que mucho ruido y pocas nueces, que con la paja que he metido, que qué poco grano, y tenéis toda la razón, porque me voy a limitar a decir que está rica, se percibe natural, sabrosa, pero esperaba más, he probado otros morteruelos enlatados, con nombres menos solventes, que al final están igual de ricos. Ninguno de ellos, por cierto, tampoco éste de La Ponderosa, alcanzan la altura de un morteruelo casero natural.
P.D.: ¿Por qué se llama La Ponderosa?… ¿por las Amanita ponderosa? Pues va a ser que no, se lo pusieron porque ése era el nombre del rancho de la familia protagonista de “Bonanza”, una serie de vaqueros famosísima en la época en la que abrieron el restaurante.
Me encanta encontrar esos nombres por esos caminos de dios. Son entrañables ❤️
Jeje, a mí también.
En La Mancha son unos cracks en este aspecto: morteruelo, ajoarriero, atascaburras, duelos y quebrantos, ajo mataero…
Me costó mucho descubrir La Mancha, fue un amor tardío.
La Mancha… un paisaje yermo, sin nada; que todo tiene.