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Curioso vodka americano, de Idaho, que tiene la peculiaridad de estar elaborado con la esencia de cuatro variedades de albahaca (Genovesse, Thai, Lemon and Sweet).
En nariz el primer golpe te sorprende por el dulzor. Jamás dirías que se trata de un vodka. Huele, por supuesto a albahaca. Pero también, y mucho, a mandarina madura, a citronela, a lavanda. De fondo, toques especiados como de pimienta blanca, de cedro, de vainilla.
Y en boca… ¿dónde está el alcohol? Como en nariz, pasa desapercibido totalmente. Está tan integrado que… no está. Es casi dulce, con unas notas clarísimas de albahaca y, casi más todavía, de regaliz, de chuche de regaliz, de caramelo “Mastic”.
Lo tomamos con la tónica que Fever sacó en su día para los vodka-tonic, la Fever Tree Mediterranean, y fue como un postre. Casi llega a empalagar ¿¿?? Está mejor con poco vodka y mucha tónica, es tal la exuberancia de este destilado que hay que rebajarlo mucho. O lo contrario, degustarlo solo.
Cuando uno se enfrente a este vodka que sepa a lo que va. Si piensas en un vodka al uso, te puede echar para atrás. Si vas a probar algo nuevo, dulce, aromático, muy bien destilado… te puede gustar mucho.
Para coctelería debe ser la bomba.
Un exponente de los vodka-tonic, ese combinado que años ha parecía que se iba a comer el mercado de los gin-tonic y… Va a ser que no.