Bodega: Bodegas Frontonio
País: España
D.O.: Valdejalón
Variedades: Garnacha
Precio medio: 48.00€
Envejecimiento: Crianza de 12 meses en toneles neutros de 300 y 500 L
Tipo: Tinto
Añada:
Grado: 12.5°
Elaboración:
Coupage de variedades blancas y tintas autóctonas (Cribatinaja, Garnacha, Provechón, Robal, Macabeo y otras) procedentes de viñedos viejos de secano y en vaso, de suelos de pizarra, cuarcita y arcilla, en el paraje Las Eras Hondas, en la Sierra del Jalón. Viticultura orgánica y biodinámica.

Frontonio es una bodega singular, como singular es su propietario, el Master Wine aragonés Fernando Mora. En Alpartir, IGP Valdejalón (Zaragoza) elabora algo así como la nueva vía de la garnacha. Dicen que hay tres vías de garnachas aragonesas, esta está claro que es la tercera.
El nombre de la bodega, muy conseguido, evoca el espíritu de ir contracorriente de San Frontonio, mártir decapitado en Zaragoza cuya cabeza fue arrojada al Ebro y remontó contracorriente sus aguas y luego las del Jalón hasta aparecer en Épila (al lado de Alpartir).
Recuerdo perfectamente que la primera vez que caté algo de esta bodega fue ya hace unos añitos en D·Origen, una barbaridad de restaurante de un polígono de Albacete que tenía una de las bodegas más fascinantes y grandes que he conocido. Ante ese despliegue de vinos e instalaciones, le dije al sumiller que eligiera un tinto por mí, con la vieja premisa de “lo que tú quieras, pero que no tenga que pedir una hipoteca”. Le hizo gracia, me reconoció como maño, y me sacó, presuponiendo que no lo iba a conocer, yo juraría que fue un Microcósmico (me lío con estos nombres, que por otro lado me encantan: Supersónico, Psicodélico, Telescópico, Microcósmico, Elástico…). Fue un flechazo.
Hace unas semanas el gran Sebastián Roselló me sirvió en El Batán un par de sus vinos, entre ellos este Psicodélico 2022, que me gustó tanto que me hice con otra botellita para beberla y catarla en casa con tranquilidad.
Se trata de un coupage de variedades blancas y tintas locales y cuasi desconocidas varias de ellas (cribatinaja, provechón, robal), que va como más allá en la búsqueda de la frescura, complejidad y mínima intervención que son santo y seña de la bodega. Estamos ante “un tinto con alma de blanco” dicen muchos, y no discrepo, pero yo casi más diría un tinto que claretea, vamos, que tira a clarete. No en vano, en algunas añadas las variedades blancas alcanzan el 70% del total.
Color de un rojo entre rosado y tinto, brillante, con menisco viola, de capa baja.
Nariz muy especiada, con pimienta rosa, blanca, marcada, frutos rojos, monte bajo, balsámicos, peladura de mandarina… No logro explicar con esta definición la singularidad de sus aromas.
En boca es un putto espectáculo. Complejo como decíamos, ligero, fluido, baja graduación (12’5), tenso, tirante, a la par que amable, mejor armado y con más estructura de la que parecía iba a tener. Al paso, fogonazos especiados, minerales y cerezas acidillas. Y a la salida, marcando acidez de la buena y leve amargor.
Olé su bemoles, aplausos a este maño valiente que lo está petando. Un ingeniero eólico apasionado de la garnacha que se enamoró del mundo del vino durante una visita a una bodega de Somontano y lo dejó todo para hacer sus vinos. Cuentan que sus primeros litros de vino los elaboró experimentando en una bañera de un piso de Zaragoza. Veo en su porfolio que ha aumentado y que ha sacado vinos que yo ni conocía de oídas, algunos superando los 250 € de coste. ¡Aúpa!