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Cuenca, bajas de las Casas Colgadas (“colgadas, no colgantes, colgantes son mis huevos”, como me dijo un simpático y hastiado conquense, tal cual), cruzas el puente hacia el Parador, y bajando, tras pasar el Teatro Auditorio de Cuenca José Luis Perales, te encuentras este pintoresco restaurante, en la misma ribera del Huécar, con unas privilegiadas vistas frontales del casco.
Lo visité hace ya unos cuantos meses, a principios de año, en un delicioso finde largo por la Serranía de Cuenca que acabó en Cuenca capital. No lo había colgado (¿colgado o colgante? jeje) antes, porque no me inspiró mucho y se me había quedado colgado (¿colgado o colgante?).
Una inversión importante hay ahí, porque tienes tres salas dentro de la enorme roca en la que se alberga, en una gran cueva natural, en varias alturas. Y por fuera, está como en obras o inconcluso, con terrazas también en varios niveles sobre el río y frente a Cuenca, como decíamos.
Dicho esto, la verdad es que los acabados son algo torticeros y no está bien rematado, no sé, no termina de… Se ve algún emplaste por ahí, las sillas son de plástico, los materiales modernos reguleros, aire de destartalado… no sé, algo ahí no acaba de enamorar, con ese pedazo entorno que tiene, es delito.
En cuanto a la cocina, pues no es lo que buscábamos. Problema mío por preguntar mal a una fuente nativa. Es una cocina fusión de las tan manidas, tomando como base platos y productos comarcales. Tienen casi que de todo en la carta, desde burgers y pizzas hasta arroces, pasando por carnes y pescados.
La parte más extensa de la carta es la de entrantes, la que ellos llaman “Momentos para compartir”, y de ahí sacamos los platos que, efectivamente compartimos entre dos:
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• Bravas de boniato asado con crema de chile torrado y emulsión de ajo negro
• Alcachofas a la brasa con tartar de chorizo de ciervo, pistacho y queso Picón de Cuenca
• Huevos rotos ecológicos Rujamar con lomo de orza, setas y espárragos trigueros
• Brownie de chocolate Dubái con helado de pistacho
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A ver, que malo no está, no, ni mucho menos, es más, está rico, pero es como todo muy gocho, muy “to junto”, sin mucho criterio. Eso sí, raciones muy generosas.
Yo creo que quizás nos gustó menos de lo que debía porque nos condicionó el servicio, más que el servicio, el capo, no sé si dueño o jefe de sala, un tipo trasnochado con voz cazallera que tenía más pinta y trazas de gerenciar una discoteca que un restaurante (de hecho creo que por la tarde es pub), y que no nos gustó cómo trataba a las camareras, demasiadas confianzas y superioridad. Camareras que, eran majas las chicas, pero sin conocimiento hostelero alguno.
Carta de vinos cortita, lo bueno es que casi todas las referencias, con posibilidad de tomarlas por copas, y como sólo bebía yo en la mesa, tomé un par de copitas, un Clos Lojen Bobal 2024 D.O. Manchuela, que me trajeron ya servido y por tantlo no vi la botella, y otro que no recuerdo, pero juraría que una Mencía berciana de El Castro Valtuille, que elegí porque se habían terminado los locales.
Bueno, quizás para los locales, para salirse un poco de lo habitual en la ciudad, y para los guiris, por la tipicidad de las instalaciones, tenga algún sentido, para alguien de fuera con inquietudes gastronómicas, no lo recomiendo.
P.D.: ¿Por qué “grotte”? Es cueva en francés, sí, pero no vi nada ni remotamente francés allá.