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Aunque no soy partidario de ir a restaurantes estrellados fuera de España, reservo en este Villa Maiella por las buenas críticas: un lugar donde probar la cocina abruzzense con una mirada actualizada y una especial atención por el vino. Además los precios no son desorbitados como suele pasar en los michelin de fuera de nuestras fronteras. Es más, diría que los precios serían incluso baratos ahora mismo en España: cuentan con tres menús de 80, 100 y 120 euros.
Así que después de recorrer las sinuosas carreteras de la abrupta región, allí llegamos.
El exterior no hace justicia a su interior, pues es una construcción moderna y normal de un pequeño pueblo. Pero dentro se respira el lujo. Mesas amplísimas y muy separadas entre sí, tonos blancos, mucha amplitud y un gran ventanal con unas maravillosas vistas hacia el valle que baja al Adriático.
Elegimos el menú intermedio, que es el más equilibrado y además recoge más especialidades de la cocina regional.
Comenzamos con cuatro aperitivos de bocado, agradables y ricos, aunque más vistosos que sabrosos.
Seguimos con un aperitivo que simula la pasta a la chitarra, pero con patata y una fondue de Canestrato di Castel del Monte. Curioso y bastante rico.
Posteriormente viene el crudo di pecora, imitando los clásicos arrosticini de la región (una brocheta de trocitos de carne de oveja. En este caso crudos. No había probado la oveja nunca, y menos cruda, pero se nota un sabor particular y muy sabroso.
Continuamos con Coppa di testa, Limone dei Trabocchi e cipolla ramata. Una loncha de este embutido, con el toque cítrico del limón. Entiendo que el embutido lo hacen ellos, además está bastante rico, pero es un embutido.
Sigue otro plato clásico, la Pallotta cac’e ove. Una especie de albóndiga que solo lleva queso y huevo. Viene con una rica salsa de tomate. Está bastante buena, pero como no conozco el plato clásico no puedo comparar.
Y ahora llega uno de los grandes clásicos de la cocina de Abruzzos: Chitarra al ragù d’agnello e ricotta affumicata al ginepro. Pasta cortada con un instrumento con cuerdas, que parece una guitarra, quedando una especie de spagueti cuadrados. Se acompañan de un ragú de cordero y ricotta ahumada al enebro. Como se ve la carne de ovino es central en el menú.
Acabamos la parte salada con el Agnello al timo. Carne de cordero al tomillo, cocinada como un entrecot. Rico, pero poco creativo para un restaurante de este estilo.
Comienzan los dulces con Carota e nocciola, zanahoria y avellana. Plato muy bonito de presentación y curioso y rico de sabor.
Y acabamos con Meringa al vapore, crema inglese allo Zafferano di Pizzoferrato, un merengue al vapor con crema inglesa con otro de los productos clásicos de la zona, el azafrán. Sean mejores o peores es digno de admirar el detalle y atención que prestan los italianos a sus productos. Tenemos mucho que aprender.
Para finalizar, te cambian de salón, para tomar café y/o digestivos. Nosotros no tomamos nada, pero nos pusieron los clásicos petits fours.
Hablemos de la comida. Bien, bastante bien. Quizás me falta bagaje de la cocina regional para valorar los platos. Desde mi ignorancia me parecen platos ricos, pero demasiado sencillos para un restaurante de este estilo. Aún así creo que tienen una buena RCP.
Hablemos ahora de la parte líquida. La carta se presenta en formato tablet, lo cuál me impide revisar con calma todo lo que tienen, pues me centro en lo regional. Y no defrauda. Multitud de vinos de Abrruzzos, a precios no excesivamente marcados.
Veo por ahí un trebbiano d’abruzzo de Emidio Pepe, pero le pregunto al sumiller por otras opciones. Me recomienda dos y me decanto por un soberbio Valle Reale Vigneto di Popoli 2021. Un blanco que acompaña perfectamente todo el menú. Me hubiera gustado pedir un tinto para no tener que comedirme, pero había que conducir. El vino lo facturan a 60 euros, lo cuál no está mal pues buscando por internet veo precios entre los 40 y los 50. Buen margen para un restaurante de esta categoría. Coperío fino.
Y acabamos con la sala, que ya hemos explicado su aspecto y el servicio. Sala de restaurante de mucho nivel, igual que el servicio, quizás de dos o tres estrellas. Muy académico y teatral. Para mi gusto, que soy de usos más campechanos y populares, quizás excesivo, aunque son relativamente cercanos en el trato pese a la diferencia idiomática.
En resumen, un buen restaurante, que no desmerece la estrella y que no palidece al compararlo con un estrella español como si me ha pasado otras veces. Con una comida rica y con fuerte raiz local, pero quizás algo sencilla y mucho lujo y elegancia, para el que le guste.