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Tras una deliciosa visita guiada por el centro de Toledo, con una guía inolvidable, tocaba almorzar por esa zona.
Alfileritos 24 es un local muy chulo ubicado en pleno casco histórico de Toledo, en la calle y el número del que toma su nombre.
Tiene dos plantas, en una está el restaurante, y en otra la taberna, que dado lo empinado y “montañoso” de esta ciudad, da a otra calle que está en un nivel más bajo, Agustín Moreto.
Espléndida la planta ocupada por el restaurante, combinando elementos originales de la vetusta finca, con otros de lo más moderno, en varios espacios. Atmósfera guapa, animada, desenfadada. Mola. Mucho.
Éramos el mismo grupo que la noche anterior cenamos en Venta de Aires (vaya perdiz) y nos distribuyeron en varias mesas y zonas. A mí me tocó en suerte, o busqué que me tocara en suerte, una mesa alta la sala principal, con agradables compañeros, estuve de lo más a gusto.
El menú era concertado, este:
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• Aperitivo de bienvenida
Mousse de paté artesano
• Platos al centro
Ensalada de berenjena aderezada con burrata, pesto y piñones
Croquetas cremosas de ibérico y jamón
Canelón de rabo de toro con salsa de fruta y ñoquis de patata
• Segundo plato a elegir
Pargo rosado sobre guiso de gambas y puerro, con crunch de espinacas
Medallones de solomillo de ternera al PX con cremoso de patata trufado
• Postre
Nuestra leche con galletas y chocolate en vaso
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Se trata de una cocina actualizada, que se sale un poco de lo habitual en la ciudad pero entra de lleno en lo habitual de otras ciudades, con combinaciones contemporáneas y emplatados chulos.
Fue un poco al revés que la noche anterior: en esta ocasión el servicio fue bueno, pero la comida no estuvo a la altura de lo esperado, sobre todo los principales. La ensalada y las croquetas, correctas, el canelón de rabo de toro, rico, pero el pargo rosado estaba secorris y la carne, los medallones de solomillo, duros e incluso algo correosos, costaba masticarlo. Yo había elegido con antelación (nos lo pidieron) carne, pero viendo el infernal calor que hacía ese día y con toda la tarde y noche por delante en el Puy de Fou, cambié a pescado, me dejaron sin problemas, y no acerté, pero tampoco hubiera acertado con el solomillo ya que una compañera se lo dejaba casi entero, probé un poquito… y lo dicho.
Por cierto, qué putta lokura de parque el Puy de Fou, ni por el forro imaginaba yo que el espectáculo central, el de la noche, “Sueño de Toledo”, fuera a ser tan colosal, grandioso, maravilloso, interesante… me quedo sin adjetivos.
La verdad es que, pese al pinchazo de los segundos, me gustó mucho el restaurante, le daré otra oportunidad sin ir en grupo.