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Será la cuarta o quinta vez que visito este restaurante, parece que no hay vez que pase por Toledo y no termine comiendo o cenando aquí.
¿Por qué? Pues porque es un complejo guapísimo, se come bien y a buen precio, con especialidades manchegas con la reina, y lo que mejor hacen a mi juicio, la perdiz escabechada.
Se trata del restaurante más antiguo de Toledo, con más de 135 años (desde 1981 abierto), y se encuentra a las afueras, bajando del casco histórico, en la zona conocida come “el Circo Romano”, a unos 20 minutos andando de Zocodover. Se baja bien, pero la subida, si han cerrado los ascensores (00:00 h), pica.
El complejo es enorme, con múltiples salones y ambientes (siempre respetando el aire rústico y clásico de la venta original), pues además de cienes y cienes de comidas o cenas al detal, trabajan mucho el tema BBCs.
Carta muy variada, aunque yo solo mito la parte que recoge la gastronomía manchega, y nunca jamás me he ido, ni me iré si vuelvo, sin tomar la perdiz, y, por el contrario, aún no he probado otro de sus platos icónico, el “Cocido de la Sagra”.
En esta ocasión se trataba de una cena de grupo organizada, así que no tuve que elegir. Nos acomodaron en un salón privado, éramos como 30, en el que se estaba de miedo.
Se elegía el principal entre varias opciones, la mía… ¿adivináis cual fue?. Así quedó la cosa:
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• Salmorejo con berenjena caramelizada y crujiente de ibérico
• Quesos manchegos
• Asadillo de pimientos al horno de leña y lomos de ventresca
• Bacalao en tempura con alioli suave
• Nuestra famosa Perdiz estofada “Venta de Aires”
• Mousse de queso con frutos rojos y helado artesano
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Excepto los quesos (semicurado, aceite, romero y ajonegro), que no me dijeron nada, algo que me extraño sobremanera por el perfil del lugar, lo demás estaba muy rico.
Cómo no, tengo que destacar esa célebre perdiz escabechada, que ellos llaman “Nuestra famosa Perdiz estofada Venta de Aires”, sencillamente espectacular. Con una de ellas cena una familia, entradita en carnes, jugosa, fina, sabrosa. En el guiso, suave, muy comedido de vinagre, la protagonista es la cebolla, abundante y guisada divinamente, una locura. Qué perdiz. En la mía me salió un trozo de perdigón, hicimos la broma de si era como los anzuelos que les ponen a las merluzas, pero al día siguiente, la guía que tuvimos la suerte de que nos tocara, una señora autóctona, cultísima y con gran capacidad de comunicación que incluso nos recitó poemas, me aseguró tras preguntarle (recalcando que ella era una entendida, pues era su plato favorito y lo cocinaba en casa a menudo, con horas y horas de cocción en cazuela de barro) que la perdiz estofada de Venta de Aires era la mejor de Toledo y procedía de actividad cinegética. Así pues, era verdad lo del perdigón, no era de granja, era de caza.
Su carta de vinos, clásica, es extensísima. El que nos sacaron en la cena concertada fue Canforrales Clásico 2025 D.O. La Mancha, un tempranillo joven resultón, viejo conocido mío.
El servicio, en esta ocasión, pues en otras no recuerdo este desatino, dejó mucho que desear. Eran pocos, creo que solo dos, insuficiente a todas luces, y además sin gana ninguna de agradar. Expeditivos y precipitados, y con detalles como que tardaran más de media hora en sacar unas copas que les habíamos pedido (las “originales” eran bastísimas), y encima trajeron menos de las que dijimos, y, el remate fue que, cuando estamos todos sentados, apurando los vinos o los cafés y sin mención de irnos, pasaron con un cesto pidiéndonos uno a uno las servilletas, creo que nunca me había pasado. Era un miércoles por la noche, estábamos prácticamente solos en ese inmenso complejo y tenían ganas de irse, mucha prisa por terminar, Así, no, muy mal.
En todo caso, el recuerdo que tenía y que me queda reforzado tras esta última visita, es el de esa perdiz excelsa (espero que se me vaya olvidando lo de la servilleta).