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Había pasado con la bici decenas de veces por la puerta, pero creía que era una taberna normal y corriente y no fue hasta ver una publicación en instagram de una persona que sigo, lo que me hizo indagar y, por fin, acudir allí a comer.
Lejos de lo que pueda parecer por nombre, ubicación y aspecto exterior, esto es todo un restaurante muy bien puesto y con bastante gusto.
En la calle, qué es más bien carretera, tienen un par de mesitas, pero nunca suele haber nadie (por eso pensaba, además, que estaba siempre cerrado). Una vez franqueas la puerta de entrada hay una pequeña y coqueta barra de madera y un rinconcito para sentarte, posteriormente hay un salón pequeño, decorado con ínfulas de sitio chulo y más adelante una muy agradable terraza-patio, que puede ser acristalada o no, dependiendo de la metereología. Elegimos esta última.
La carta es corta, con las especialidades locales habituales. Pedimos unos chipirones encebollados de entrante, aunque el plato que nos traen no eran los chipirones encebollados que tenemos en mente, es decir, chipirones guisados con cebolla pochadita. No. Son chipirones fritos con la cebolla también frita en juliana, totalmente crujiente. No es lo que pensábamos, y aunque no somos muy de fritos, la fritura estaba impecable y la cebolla adictiva.
Antes de pedir este entrante nos comentan algunos fuera de carta y nos hablan de un arroz seco con cigalitas. Si alguno recuerda no he hablado bien de los arroces que suelen preparar en Galicia. No suelen ser de mi estilo, demasiado melosos, demasiada capa y demasidos ingredientes en un totum revolutum. Pues no, aquí tenemos un arroz seco en paella al más puro estilo valenciano con unas pequeñas, pero ricas cigalas abiertas y a la plancha por encima. Pues muy bien, primer arroz que pruebo en la región que me satisface.
Para beber tienen una pequeña carta de vinos, más curiosa en cuanto blancos, por tener más opciones locales apetecibles. Elegimos AAA un albariño realizado por Xurxo de Albamar para unos amigos. Si mejoraran la cistalería, darían un salto de calidad importante, teniendo en cuenta la comida y el local. Servicio atento y correcto.
Todo esto, para dos personas, por unos 95 euros. El vino costó 28 euros y el arroz para dos, 45.
Ahhh puessss!
Con tus precedentes con los arroces gallegos y te la jugaste.
Tú temeraria valentía tuvo premio 🤣
Me la jugué porque vi fotos y vídeos del asunto, no fui a ciegas. No estoy tan loco. 🙂
Aaaah, pajáro!!!
(obsérvese la tilde, no se trata de un error, es oregonés -la o, tampoco es error-)