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Durante nuestra estancia en la Ribeira Sacra, aunque improvisada, teníamos apuntado con letras de oro este restaurante vinoteca, no en vano, uno de los mayores atractivos de estas tierras, tras los espectaculares Cañones del Sil, son los vinos, y como digo, este restaurante es vinoteca, y además nos comentaron que su cocina era interesante.
Se encuentra en Doade, una localidad del municipio de Sober (Lugo) perteneciente a la subzona Amandi de la D.O. Ribeira Sacra. Resulta de visita obligada por varios motivos: sus imponentes miradores sobre los Cañones del Sil, en especial el de Pena do Castelo, con su ermita de San Mauro, en ruinas pero preciosa; su bosquecillo mágico de castaños centenarios (camino del citado mirador); sus bodegas, cómo no, destacando sobre todas ellas las de Algueira y Guímaro; y el pueblecillo en sí, coqueto y bien conservado, en el que además encontrarás camuflada Casa Guímaro, una enoteca deliciosa en la que puedes adquirir y catar los vinos de la bodega del mismo nombre (es propiedad de la hermana del dueño de la misma).
Al disponernos a acceder al Restaurante vinoteca Merenzao, nos llamó la atención que estuviera integrado en la Bodega Petrón y pensamos que quizás nos habíamos equivocado y sólo servirían vinos de Petrón, pero no fue así, como esperábamos, había vinos de muchas otras adegas (bodegas en galego).
El restaurante es modernote, guapo, maderas y grises, con grandes ventanales y una terraza. Hacía mucho calor ese día, así que al interior y tan ricamente, oye.
Pedimos el menú degustación Cadeieras, por supuesto maridado.
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– Guacamole de Calabaza y Codium
– Sardina ahumada y marinada en suave escabeche blanco
– Empanada de maíz abierta de vieira, jamón de pato y frutos del Mar
– Bonito de Burela a la llama, crema de maíz tostado y pesto de avellanas
– Lomo madurado de Vaca del País a la Brasa, higos y emulsión de humo
– Melón a la Ginebra y Gelée de Hierba Luisa
– Filloa rellena de castaña de Galicia y Crema aérea de Orujo
– Dulces caseros a modo de petit fours
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Bien, comimos bien, no para tirar cohetes, pero bien, una cocina de raíces gallegas palpablemente actualizada en algunos pases, buscando siempre frescura ya sea con algas, con aromáticas, con cítricos, con escabeches… Muy agradable.
El maridaje estuvo bien pensado y secuenciado, no tomé notas de todos los vinos pensando que me darían luego la relación (no fue así), pero tomamos cositas de Regina Viarum, de Sernande, de Cruceiro, de Petrón y de Casal de Armán. Muy extraño que no nos sacaran nada ni de Algueira ni de Guímaro, me contrarió, la verdad.
El servicio fue el punto débil de la comida, y no por los camareros de sala, camareras en este caso, dos jóvenes gallegas pulcras, majas y trabajadoras, sino por la rigidez y el encorsetamiento al que se palpaba que estaban sometidas por la dirección de sala (omnipresente pero no presencialmente jeje). Hubo varios vinos que fallaron o que pedimos fuera del maridaje, y pese a que ellas accedían de buen grado a nuestras peticiones, al final había problemas, no sé, no te sentías ni cómodo viendo a las camareras algo temerosas, ni complacido en tus demandas.
Pues eso, un lugar a tener en cuenta para beber bien y comer aceptablemente saliéndote de la cocina tradicional imperante en la zona, pero si tienes un solo día y no te importa comer un poco más tradicional y beber vinos únicamente de una bodega, a mi juicio es mejor opción O Castelo, de Bodegas Algueira, adherido a la propia bodega.