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Se trata de un gastrobar, como su nombre indica, propiedad de los exitosos hermanos Pablo y Salva Martínez, de El Gordo y El Flaco de Bétera. Han ido abriendo varios locales por Valencia y son socios fundadores (vía Lanzadera de Juan Roig) de la cadena de hamburgueserías gourmet LaMburguesa.
Delgadito Gastrobar se encuentra en Godella, y es una apuesta ganadora, por su concepto desenfadado y variado con buena RCP.
El local no es muy grande, pero al tener los techos muy altos da sensación de desahogo. No destaca por su inversión en decoración de interiores, siendo lo más llamativo los pilares y los arcos de ladrillo mudéjar. Tiene una terraza cubierta, bien puesta y acondicionada.
En la carta (que hace de mantel) encuentras casi de todo, desde unas bravas o una rusa hasta una lubina o un entrecot, pasando por oreja, morro, huevos rotos, algún pan bao, algún taco, ensaladas, cristalitos, tataki de atún, steak tartar, croquetas liquidas y no líquidas…
Estaba lleno hasta la bandera, buen rollito, y camareros, muchos camareros, todos rápidos, agradables y profesionales.
Íbamos dos y pedimos al centro:
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• Calamar playa a la andaluza
• Croqueta líquida de queso camembert y mango
• Croqueta líquida de jamón ibérico
• Canelón trufado con hongos y foie
• Oreja de cerdo crujiente con salsa ‘Delgadito’
• Tarta de queso con arándanos
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… y bebimos un cavita valenciano resultón, Murviedro Arts de Luna Organic Brut Rosé, elegido de entre una carta cortita pero con cositas, y servido a buena temperatura en una copa algo bastota y no muy adecuada.
La cena, pues lo esperado más o menos, agradable, resultona, calidad aceptable, buen precio: bien ese calamar de playa, mordida muy crujiente y dulce; logradas las croquetas líquidas, mejor la de jamón; el canelón trufado sin duda lo mejor de la noche, con hongos, foie, vacuno y orégano, y un gratinado top; decepción con la oreja, no estaba mala, pero algo aceitosa, quizás mejor un corte más fino y menos aceite, atrevida su combinación con una salsa de soja y reducción de frambuesa; y la tarta de queso, pues nos la dejamos, muy “tarturris”.
Aunque nos colocaron en una mesa que estaba en la misma puerta que hacía de entrada/salida de la terraza, con un tráfico de personas, camareros y portazos insufrible (hay mesas que no se deberían vender, o al menos avisar), repetiremos, está cerca de casa, me atraen este tipo de gastrobares, y me dejé por probar muchas cosas que me llamaban, como el morro “fino”, las patatas “guarras”, el pan bao de cerdo Pekín y el taco de pato confitado. No me queda otra que volver para quitarme el antojo 😉