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Diminuta, pero coqueta taberna de cocina del próximo oriente, aunque dada una vuelta y modernizada.
Pedimos lo siguiente:
– Muhammara con torreznos, rico.
– Pita de calabacín y labneh. Súper fresco y original.
– Bulgur con carne de pollo y ternera en una especie de pilav. Bien, pero menos sorprendente.
Tienen unos pocos vinos bien escogidos (algunos naturales) con precio agradable (el más caro 38 euros) y, además, se pueden pedir todos por copas.
Dos puntos a favor suyo:
– Te ponen agua nada más sentarte sin que se la pidas.
– Pedí una copa de vino (el espumoso rosado de Uva de Vida) y me sirven media copa porque se acabó la botella. Bien, pues a esa media copa por haberselas acabado y no poder reponerme, me invitaron.
Un sitio agradable, al lado de la estación de Atocha, un poco incómodo pues es pequeño, pero con gente muy simpática y cocina muy agradable, que además puedes acompañar con vinos apetecibles (cosa que no suele suceder en Madrid con los restaurantes libaneses y similares).