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No conocía yo este restaurante en esta ciudad que no para.
Olea es un restaurante de pura cocina mediterránea con algún toque argentino (de la de verdad, no de las que algunos piensan que es chuletón con patatas o fabada asturiana) enclavado en un local que podría estar en Barcelona, Nueva York o Copenhague. Minimalismo y decoración entre rústica e industrial. Sala diafana, con cocina abierta, mesitas y una barra que, por desgracia, no está donde la cocina.
Vamos al meollo. La carta la componen algunos entrantes, algún plato de más enjundia y embutidos y quesos. Aparte de postres, claro.
Pedimos:
– Burek de espinacas, con tzatziqui. Plato típico balcánico, que como sabéis consiste en un hojaldre relleno. Muy rico.
– Berenjena a la llama con pesto rojo de anacardos. La berenjena a la llama ya está un poco vista, pero el resultado es bueno.
– Kofta con yogur, granada y aceite de albahaca. Las clásicas bolas de carne picada, también típicas de los Balcanes y el próximo oriente. Muy buenos y sabrosos, la carne está bien hecha y los acompañantes hacen lo propio de manera eficiente.
Carta de vinos cortita, pero con muchas referencias apetecibles, de estilo natural o casi y a precios entre los 20 y los 50 euros en general. Aquí también casa el estilo de vino con el aire hipster (se sigue diciendo esa palabra) que quieren darle al lugar.
Nosotros pedimos un Cadausolo de los Vidrios, ese rosado que hacen a medias entre Comando G y Nacho Pistacho en Gredos, haciendo un guiño en el nombre al pueblo donde se hace, Cadalso de los Vidrios y el rosado italiano llamado Casasuolo d’Abruzzo. Vino de sed, color rosado-anaranjado, muy gluglu y muy del estilo.
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