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Ya hacía tiempo que no íbamos a comer un arrocito a El Palmar, a la Albufera. Tocaba.
Mi preferido de esa zona, y de tan preferido casi el único del que me acuerdo con el paso del tiempo, porque no voy a otro, L’Establiment, lleno. Así que tiré de guías y me apareció este Mornell en el que no había estado nunca. Y sí, tenían sitio, pero en terraza. Bueno, una soleada mañana de invierno… puede ser una delicia en terracita. Y lo fue.
Está en el centro de El Palmar, junto a un puentecillo y a la vera del canalillo principal que trascurre por esa pintoresca localidad.
Me sorprendió lo bien que está el interior, cuidado, modernete sin perder esencia. Y lo mismo la terraza, oye, qué bien puesta. Me gustó el detalle de las nasas que había junto al pedestal con la carta. Había una mesita para dos al fondo, pegadita a la valla que la salva del canalillo. Allí. Chico, qué bien.
Carta, pues eso, la que esperas, entrantes de la terreta y un sinfín de arroces. Y pedimos:
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• Cigalitas fritas con ajos tiernos
• Sepieta bruta plancha
• Arroz del senyoret
• Milhojas crema
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Resumiendo: merece estar en las guías y merece el solete, sin duda. Cocina mediterránea, específicamente valenciana, específicamente de La Albufera, excelentemente ejecutada, en un entorno cuidado. Las cigalitas con ajetes, de lokos, qué mojo, y la sepieta bruta, como mandan los cánones, no le anduvieron a la zaga al gran protagonista, el arroz del senyoret, secillamente perfecto, no se me ocurre qué más pedirle. Y no te cuento nada de milhojas de crema, no me esperaba yo ni de lejos este hojaldre tan bien conseguido.
Carta de vinos aceptable sin más, como su trato. Tomamos un Gramona rosado.
Servicio joven, rápido, majete. Nos atendió un chaval majísimo, Camilo, que nos contó que la mayoría, como él, trabajaban ahí de estudiantes para sacarse unas perrillas y como había tan buen rollo y se lo pasaban tan bien, pese a que ya habían acabado los estudios y tenían sus trabajos, continuaban yendo los findes a echar una mano. Eso dice mucho del negocio.
De regreso volvimos a deleitarnos con esas “llanuras de agua”, esas barracas tan pintorescas y, sobre todo, esas aves migratorias que pasan aquí esta parte del año, arrozales llenos de moritos comunes, otros salpicados por garzas blancas…
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