Lo Coscoll



Ubicación: Plaza Mayor, 11
       La Fresneda (Teruel)
       España
Código Postal: 44596
Teléfono: 978093870
Horario: Cierra miércoles
Menciones:
Tipo de cocina: Actualizada y Asador
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Web: https://locoscoll.com/
Precio estimado: 33,00€

Valoración media :  
5 stars   0
4 stars   0
3 stars   1
2 stars   0
1 stars   0
3 estrellas de 1 Valoraciones
Cocina 3 3
Servicio 3 3
Local 2 2
Servicio del vino 3 3
Relacion calidad-precio 3 3
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2 comentarios sobre “Lo Coscoll

  • el 30/08/2026 a las 12:38
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    Tras el fiasco de la no reserva en el Hotel Torre del Marqués (donde al menos no comimos nada mal, en su precioso restaurante panorámico La Atalaya del Tastavins), conseguimos habitación a última hora en El Convent 1613, en La Fresneda. Había comido ahí, en su restaurante, en dos de mis muchas escapadas por la comarca del Matarraña, y recordaba que se comía bien y que el lugar era maravilloso, con una sala espectacular y un patio (del antiguo convento) divino de la muerte. Qué alegría cuando nos dijeron que tenían habitación, me gustó el detalle de que nos avisaran de que eran fiestas en el pueblo, yo pregunté si llegaba el ruido a las habitaciones y me dijeron que no, que en las que daban al patio, como era nuestro caso, no, pero que, cito textual, “nos avisaban porque, hombre, uno viene a la España vaciada y se encuentra con que ese día justo hay más gente que en todo el año junto y…”. Jaja, qué majos. La pena es que el restaurante cerraba esa noche, argggggg, y al mediodía siguiente lo tenía lleno por un evento de “los de las motos” (ese finde era el Gran Premio de Alcañiz, que está muy cerca). Pero en la línea de amabilidad con la que nos atendieron, nos dijeron que nos podían intentar hacer ellos mismos una reserva para cenar en un buen restaurante del pueblo, Lo Coscoll, que, pese a que eran fiestas, igual había sitio porque esa noche la gente cenaba en las peñas y en la plaza y tal. Y había.

    No conocía de nada este lugar, expectativas 0, pero al ver la fachada y entrada, muy bonita, como neo-rústica y el distintivo de Macarfi (Top 100 y 1# Rookie Aragón 2026) la cosa se puso interesante.

    El interés, unido a un cierto pasmo y gracia, se incrementó nada más franquear la puerta, ya que apareció un tipo con atuendo de cocinero, olfateó detenidamente uno tras otro varios troncos de la leña que tenían apilada a la entrada, eligió uno, y desapareció con él por donde había venido, sin saludar ni mirarnos siquiera.

    Y… todavía más se incrementó el interés, cuando nos sentamos y vimos su ideario en la carta, con expresiones como: “arqueología gastronómica”, “respeto al entorno”, “fuego y ascuas”, “nuestra propuesta se somete exclusivamente a la disciplina de la leña de olivo y almendro del Matarraña”, “buscamos la pureza”…

    Y… aún más si cabe, cuando busqué qué significaba “Lo Coscoll” y vi que es “La Coscoja” en catalán (en esa comarca se habla el célebre chapurriau). Coscoja es un arbusto del género Quercus que da bellotas.

    La carta, pues por un lado nos moló, y por otro nos pareció con nombres y definiciones excesivamente rimbombantes.

    La cosa se empezó a torcer cuando pasaron los minutos y comprobamos que no había aire acondicionado, o no lo iban a poner, que todo que todo lo fiaban a un gran ventilador absolutamente insuficiente para una noche calurosa de agosto, qué mal lo pasamos, qué manera de sudar.

    Torcióse más con la larga espera, pese a que nosotros estuvimos muy puntuales, nos insistieron que 20:45 h. Seguimos con la revirada torcedura cuando el cocinero que habíamos visto a la entrada salió a atendernos, 15 minutos después de sentarnos, cuando ya habíamos elegido, claro, y nos dijo: “no sé si os ha dicho mi compañera que no tenemos…”. Pues no, no nos lo había dicho, y no había ninguno de los platos que habíamos elegido, y no es casualidad ni mala suerte, porque es que les faltaban la mitad de los principales, de 10, 5, y uno de ellos, las manitas, “no es que falte es que no lo voy a hacer más porque me quemo” (llevaba un vendaje en el antebrazo).

    Qué chafón, juer, con la ilusión que me había hecho elegir el palto “Hoguera en el Pirineo Aragonés”: Longaniza de Graus (1860) crujiente de boniato laminado, pan artesanal italiano Pintatu, escamas de sal de manantial de Euskadi, AOVE de trufa negra y furikake. Argggg, con lo fan que soy yo de la longaniza aragonesa, ni te cuento de la de Graus, y lo poco que la como… Cómo pintaba ese plato con el rollo de las ascuas y tal además.

    El “Paralelepípedo de cochinillo” también llamaba, y había, pero no teníamos el cuerpo para cenar algo en teoría tal contundente, así que al final pedimos:

    —————
    Ensalada No. 14
    Selección de brotes tiernos, fondo micro laminado de foie mi-cuit de pato, quesos de Aragón rallados, aceto balsámico I.G.P. Módena, semillas de sésamo tostado y sésamo negro, furikake, ajo puerro, AOVE, aceite virgen ecológico de sésamo tostado francés, AOVE de trufa blanca y micro Kale.
    Ensaladilla No. 10
    Patata al horno de leña, cebolla dulce, remolacha, huevo de corral, maíz dulce, boniato, mayonesa, anchoa del Cantábrico, discos de arroz a la brasa y galletas de parmesano.
    Cilindro de verduras
    Berenjena, tomate, puerro, cebolla, ajo tierno, pan artesanal pintatu, AOVE de trufa blanca, aceite virgen de sésamo tostado ecológico francés, furikake y escamas de sal de manantial de Euskadi.
    —————

    Ya sea al contarte el plato o al servírtelo, eso lo hacía siempre él, te cantaba, con profusión, afectación y rimbombancia los platos: “y lleva sal de Euskalerría” (textual), por ejemplo, o también “sal de la Gran Bretaña”, o “sésamo francés”, explicaciones tal que “aquí no hacemos mise en place, todo lo cortamos al momento, así que el cilindro de verduras tardará”, detalles del tipo “cortamos todos los vegetales a x milímetros”, instrucciones como “este plato tiene que comerlo primero con los incisivos”

    Nada, la experiencia gastronómica no estuvo a la altura. O eso nos pareció a nosotros. No puedo decir que cenáramos mal, porque mentiría, pero vamos, muy normalito.

    La ensalada, pos bueno, bien, pero el ajo puerro y el kale (que dijo que había que comerlo a parte, con los dedos) estaban fritos y aceitosísimos ambos, estropeando el conjunto del plato; la ensaladilla, bonita, bien montada, pero anodina en boca, la única gracia era la cobertura de remolacha; y el cilindro de verduras, nada especial tampoco, yo esperaba más “humo” y ni lo detecté, muy marcado sin embargo, para bien, el sabor del aceite de trufa blanca.

    Producto de la zona cocinado con fuego de maderas de la zona y aderezado con muchas sales diversas, especias exóticas, aceites especiales… Estupendo como concepto, pero como digo, al final, en boca, no nos enamoró.

    Carta de vinos muy cortita, con alguna referencia de la zona, tomamos, por copas, Entre dos aguas blanco 2023, Taberner Amado, Garnacha blanca, Roble 6 meses, Nonaspe, I.G.P. Bajo Aragón, y Entre dos aguas tinto 2023, Taberner Amado, Garnacha negra, cabernet, syrah y merlot, roble 12 meses, Nonaspe, I.G.P. Bajo Aragón. Muy bien el blanco, seco y aromático, y cansado el tinto, nada que ver. Me pasó lo mismo ese mismo mediodía con los Mas de Llucia de La Atalaya del Tastavins. Coperío y trato discretos.

    El servicio lo brindaba la que entendimos que era pareja del cocinero y copropietaria del negocio, una mujer amabilísima y encantadora, que nos explicó que no llenaban el restaurante porque ya no querían depender del servicio, que a lo que ellos dos llegaban.

    Pero fíjate, que pese a lo que pueda parecer por lo narrado, volveremos. Un día que no sean fiestas (seguro que eso les alteró, porque tenían todo el follón en la misma puerta del restaurante), que no sea verano, que nosotros estemos más fuertes… Porque nos cayó bien esa pareja, él tiene un punto entrañable (u otra cosa opuesta, según seas y lo mires), y tiene mérito, mucho, defender esa propuesta ahí, en la Plaza Mayor de un pueblecillo perdido por el Matarraña. Y tomaremos algún postre, que pintaban bien. Y me cercioraré previamente de que haya longaniza para “incendiar los Pirineos”.

    Por ello, recomiendo su visita, como digo, que no sea verano. Además, La Fresneda es un pueblo bellísimo, qué soportales y qué arcos tan maravillosos.

    Valoración media 3 3
    Cocina 3 3
    Servicio 3 3
    Local 2 2
    Servicio del vino 3 3
    Relacion calidad-precio 3 3
    • el 30/08/2026 a las 13:01
      Permalink

      El local es pequeño y no muy cómodo, pero majete, la baja puntuación en ese apartado se debe a su pésima climatización, al asfixiante calor, deben dotar la sala de aire acondicionado o al menos avisar cuando haga calor.

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