Bodega: Maxime Blin
País: Francia
D.O.: Champagne
Variedades: Chardonnay
Precio medio: 49.00€
Envejecimiento: Se añeja en depósitos de acero inoxidable, barricas de roble y toneles, para luego ser mezclado y permanecer 36 meses en botella dentro de la bodega.
Tipo: Espumoso
Añada: 0
Grado: 12.5°
Elaboración:
Agricultura orgánica en viñedos de Trigny. Vendimia manual y prensado individual de cada variedad en prensa de plato inclinado Coquard. Fermentación maloláctica.

100% Trigny – 90% Chardonnay – 10% pinot noir…
es la leyenda que consta en la contraetiqueta.
Un champagne ecológico, orgánico y “sostenible” elaborado a base de chardonnay en su gran mayoría (90%, con el restante 10% de pinot noir), en Trigny, en suelos arenosos y arcilloso-calcáreos, por la bodega Maxime Blin, cuya historia comenzó en 1947 con Juliette y Robert Blin, quienes plantaron las primeras viñas en la finca después de la Segunda Guerra Mundial.
Al parecer, por lo poco que sé y lo mucho que me documento, en Trigny la variedad imperante es la pinot meunier, porque es la que mejor se da en esos suelos arenosos con aportes arcilloso-calcáreos. Sin embargo, un poco a contracorriente, esta bodega busca la máxima expresión de la chardonnay en la citada subzona de Champagne.
De hecho, yo lo compré convencido de que se trataba de un blanc de noirs varietal de pinot meunier. Error, no lleva ni una gotica como digo en la entradilla.
Por tanto, el perfil, hablamos de un cuasi blanc de blancs, es totalmente diferente. No es lo que buscaba, en absoluto, pero me gustó. También es cierto que, la verdad, no sé si hay algún champagne que no me haya gustado. Este, no fue la excepción, aunque tampoco lloré de alegría al beberlo.
Amarillo dorado atenuado, es algo afiladete, notablemente cítrico y floral, con sus balsámicos y frutos secos también. Muy limpio, fresco y ligero al paso, se despide marcando acidez “de la buena”, incluso atisbo un puntillo de amargor.
Pues eso, que buscaba otra cosa, pero bien (no a todos los invitados, maños míos ellos, les hizo mucha gracia, menos mal que con el tintazo de después los epaté 😉)