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Vuelta a Palma a currar, esta vez en el día, vaya palizón. Había que comer algo, así que cerca de donde estábamos (céntrico), que pudiera ser rapidito y bien de precio… Mi compañera, orgullosamente nativa ella, eligió este Xalest que, por supuesto, yo desconocía.
El listón estaba alto porque en mi anterior viaje cené en plan random en Bar Nosso y resultó una velada fantástica y… ¡prueba suuuuuperada!
Se trata del restaurante del Hotel Concepció by Nobis, hotel que ocupa por entero un imponente edificio histórico -data ni más ni menos del siglo XVI- recién adquirido según me informan fuentes fidedignas locales 😉 por Amancio Ortega (el edifico, no los negocios).
Ni idea de cómo será el hotel, pero el restaurante es que no puede ser más bonito. Se percibe que ha sido sometido a una reforma reciente, en la que no han reparado en gastos y han derrochado buen gusto, manteniendo los elementos originales (altos techos con vigas, bóvedas cruzadas, arcos, grandes ventanales, suelos de vivo azulejo artesano) y conciliándolos con una decoración de lo más cool, logrando una atmósfera muy sofisticada, pero con una informalidad buscada como muy contemporánea.
Había un menú por 24 €, que incluía agua, no vino, con tres primeros, tres segundos y tres postres a elegir. Como teníamos prisa, en lugar de pedir uno cada uno y compartir y de este modo hacer un recorrido más amplio por su cocina, nos pedimos cada uno lo nuestro, que resultó ser lo mismo:
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• Wanton de suquet de rape con gamba roja
• Gallo San Pedro frito encebollado
• Gató mallorquín con helado de vainilla
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Guau. Ni por asomo esperaba yo comer tan bien con las premisas con las que empezaba esta reseña. Pero qué bueno todo, lástima las prisas, porque es un sitio para recrearte y deleitarte.
El “wanton de suquet de rape con gamba roja” es que fue un espectáculo, del wanton es lo que es, pero amigo, ese suquet… era como si lo hubiera cocinado una abuela mallorquina chup-chup, chup-chup, y picantito, oye, sin complejos; el “gallo San Pedro frito encebollado”, el literal del nombre lleva a engaño, porque era un plato “seco”, con el gallo troceado y frito, y literalmente cubierto por una enloquecedora fritura de tiras de cebolla, qué combinación, no sé si estaba mejor el gallo o la fritura de cebolla, que podía rivalizar con unos pescaditos andaluces de los buenos; y el postre, un “gató mallorquín con helado de vainilla”, bien.
Posteriormente he leído, pues me he interesado ante tamaño alarde de cocina para un menú diario, que el chef se llama Xema Álvarez y que busca que el comensal disfrute de una cocina mallorquina, depurándola y dotándola de aportes de técnica y actualidad. Pues lo consigue, a fe mía que lo consigue.
La carta de vinos, aunque variada, era corta para la que se espera en un pedazo de local así, sin embargo, la oferta de vinos por copas era estupenda ¿¿??, con 4 opciones de espumosos (entre ellos 3 champagne), 4 blancos y 7 tintos. Tomé dos copitas de vinos locales, la de blanco fue un Llampuga Vinícola 2024 VT Mallorca, coupage de prensal blanc y malvasía, y la de tinto un 12 Volts 2023 VT Mallorca, coupage también, en este caso de callet, fogoneu y syrah. Estupendos ambos, pero me tengo que creer que eran lo que pedí, ya que nos los sacaron ya servidos, no vimos la botella ni de lejos… ¡moooooc! Me parece inconcebible.
El servicio, joven, educado, agradable y con ganas, acorde con la informalidad que se respiraba en el local, tal como comentaba.
Si vuelvo un día a la isla y hago noche, iré de cabeza a este Xalest (que por cierto, significa “alegre, divertido” en mallorquín) a ver si tiene algún menú degustación el amigo Xema Álvarez, porque puede ser la bomba.
Aaaaacieertazo, compi.