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A orillas del Rin a su paso por Basilea, en la margen contraria a la del casco viejo, nada más pasar el puente principal que arranca desde los pies de la catedral, el Mittlere Brücke.
Tras una mañana de intensa pateada total de la ciudad, a -5 °C (pero sin humedad ni viento), y después de finalizar la última etapa de la mañana con un relajante y delicioso paseo a la vera del río, nos habíamos ganado un buen almuerzo.
Había leído yo previamente que por donde nos encontrábamos en ese momento había un lugar interesante, que además había recomendado y me había dado el el VºBº, un sitio que, según leí, cuidaba mucho el tema de las bebidas, vinos, cervezas cócteles y cafés, y que, en un ambiente urbano con un cierto encanto retro, permitía disfrutar junto al río de una sencilla interpretación moderna de la cocina suiza regional.
Y exactamente eso fue lo que me encontré. Qué lugar más chulo y recomendable, con ese encanto de ciertos garitos del norte de Europa que aúnan naturalidad, desenfado, desnudez, cierta rusticidad pero plenamente urbana, y buen gusto. Con los suelos de madera oscura y las mesas de madera claras sin trabajar, sin pulir, desvestidas. Y con una plácida luz que nos entraba por la ventana al mismo Rin que teníamos sobre la mesa. La mejor mesa de la pequeña sala, alargada, en dos niveles, nada más entrar a la derecha, para 6 personas, pero éramos solo dos, así que… No podíamos estar más a gusto, y además calentitos. Tiene también terraza, maravillosa, con el río a tus pies, pero a ver quien ers el valiente que se ponía ahí con esa temperatura. Bueno, ellos la verdad es que lo hacen los tíos, a bajo cero pero al solecito (y cosas peores, como tomarse copas por la noche sentados en terraza, a -7 °C y medio nevando). Nosotros, ni de coña. Que de Zaragoza Zaragoza no somos, oyes, que somos de alrededores.
La propuesta gastronómica, ya comentada, contaba con una especie de menú del día al que ellos llaman “Ufer 7 Plan”, que consta de un plato principal a elegir entre 4, precedido por una sopa o ensalada del día, y rematado por una tarta o helado del día. My little daughter y yo pedimos una cosita de cada y nos marcamos de este modo un degus de lo más resultón:
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• Ensalada
• Sopa del día
• Lucioperca alpina suiza en tiras
• Capuns
• Tarta del día
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No sé si nos dejamos influir por esa atmósfera tan divina de la muerte que reinaba en el local, por lo a gusto que estábamos tras la larga y gélida caminata de esa mañana tan bien aprovechada… No sé, quizás, pero lo cierto es que salimos pensando que habíamos comido de lokura.
La ensalada, aderezada con esa aparente racanería tan al uso europeo, no podía estar más rica, con cada hoja de lechuga (las lechugas de por allá arriba son por lo general estupendas) como barnizada a pincel por una especie de crema ligera francesa tipo bearnesa, y con setas y encurtidos: la sopa del día, que era crema en realidad, de verduras y tocino, con un puntillo entre picante y dulce muy interesante; la lucioperca, top, top, top, a modo de fish & chips, fritura maravillosa, patatas de diez, y con una salsa de estragón e hinojo punto avinagrada; y el capuns, pues no estuvo a la altura de los anteriores, juer estuvimos dudando entre el capuns y el goulash y… hombre no estaba malo, pero nos quedamos un poco despagaos, le faltaba chispa a este plato tradicional suizo a base de spätzle con trozos de carne seca enrollados en hojas de acelga.
El apartado bebidas, que es sobre todo lo que me atrajo al leer cositas de este garito, cumplió expectativas, y eso que opté por ir por copas pues bebía yo sólo. Comencé por una cerveza sin, seguí con un blanco y cerré con un tinto:
– Ueli Bier Sorglos 0.0 / The Butcher Weiss 2023 Johann Schwarz Chardonnay, Neusiedlersee Burgeland D.O. (Austria) / Lion Rouge 2022 Weingut Jauslin Pinot noir Gamaret Diolinoir y Carminoir, Baselland D.O. (Suiza)
Especiales, interesantes y buenos tanto la cerve como los dos vinos, y eso que el blanco lo afronté un tanto mosqueado porque estaba convencido equivocadamente al pedirlo de que era suizo, a mí me gusta beber vinos siempre de los lugares que visito.
Recomendable, desde luego, este Ufer 7, en próximas visitas a Basilea volveré una noche a tirar de carta, que promete.
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