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Manolo Franco o Manu Franco era un periodista deportivo que colgó los teletipos, los micrófonos y los teclados por la cocina y la hostelería, volviendo a los orígenes familiares en su pueblo de Valdemorillo.
Y se le debía dar bien, porque pronto consiguió el sol repsol y la estrella michelin.
Acudimos a este pequeño pueblo de la Sierra Oeste de Madrid, para ver que se cocía, nunca mejor dicho.
Es un local pequeño, puesto con gusto, con una cocina tras una cristalera. Situado en la calle principal del pueblo, a pocos metros de la plaza.
Pedimos el menú intermedio, que se articula sobre una idea poética: un día en la sierra. Y vamos pasando por desayuno, aperitivo, almuerzo, merienda y cena.
Es un menú que quiere jugar con el entorno, no tanto en los productos, como sí en las sensaciones.
Hypocrás y mariposa de flores, como bienvenida.
Desayuno: capuchino de verdura, parmesano y almendras. Torrija de corzo, jabalí y caviar vegetal.
Croissant de coliflor y chocolate blanco.
Paseo por el campo: tomillo, cítricos, tomatitos y corujas.
Espárragos, cacahuetes y aire de mantequilla avellanada.
Aperitivo: tortilla española, croqueta, ciervo, humo, huevo frito. Boquerones en vinagre.
Almuerzo: panes con mantequilla de leña y hierbas.
Trilogía del potaje de vigilia.
Arroz cremoso de toro, colmenillas y encina.
Merienda: chocolate con churros (morcilla y patata).
Cena: escabeche de rosas, trucha, zanahoria y naranja. Un plato ligero para terminar.
Postres: torrija golosa del campo
Flor en la tormenta de Ramos.
Menú creativo, con lógica, buscando siempre la sensación casera y campestre, sin estridencias, con algún trampantojo juguetón y con algún gran plato, como el potaje de vigilia, rico y con un giro creativo sin perder la esencia.
Todo esto por 125 euros. Tiene un menú corto por 85 y uno largo pr 160.
Sala cómoda y servicio amable.
Carta de vinos que merece, en mi humilde opinión, una revisión. Impropia de un lugar así. Excesivamente corta (solo 12 blancos para elegir), aburrida y sobre todo inflada de precio. De entre las pocas opciones elegimos una agradable garnacha alicantina de Curii Wines. Bien, pero 35 euros un vino de 11 euros en tienda. Buena cristalería.